La Masacre del Día de San Patricio

Para cualquier persona que haya estado involucrada en la escena musical de Los Ángeles en los 60s y 80s reconocerá la controvertida figura Daryl Francis Gates, el jefe del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD). Alcanzó el puesto de inspector en 1965 cuando estallaron las disturbios raciales de Watts, que dejaron un balance de 34 muertos, 4.000 arrestos, 3.000 miembros de la Guardia Nacional movilizados y cerca de 40 millones de dólares en daños materiales contra la propiedad. 

Estos disturbios de Watts moldearon su personalidad autoritaria y fue uno de las personas clave en la formación de los equipos SWAT (Special Weapons and Tactics) de la policía angelina. Una fuerza armada con equipo antidisturbios preparada para hacer frente a cualquier amenaza violenta. Una de sus primeras intervenciones fue en Sunset Strip, donde comenzaba a emerger una escena musical rockera alrededor de clubes como Whisky-A-Go-Go, Pandora’s Box o Gazzari’s. Imponiendo toque de queda en la zona a las 10.00 de la noche y enviando a la policía a expulsar a los jóvenes, que en noviembre de 1966 decidieron cortar el tráfico como señal de protesta lo que acabó en enfrentamientos a puñetazos con la gente, con la consiguiente represión policial en forma de redadas, arrestos y cierre de locales. 

Estas formas iban a ser las mismas que aplicaron a la escena punk rock. “Era lo mismo cuando la policía golpeaba a los punk rockers. No nos gustas y no nos gusta lo que representas, así que aquí estamos, vamos a joderte. Era lo mismo, solo que en un momento diferente”, recuerda Keith Morris en las páginas de Spray Paint the Walls: The Story of Black Flag, escrito por Stevie Chick. “Quizás la mentalidad hippie era diferente de la mentalidad punk rock, la mentalidad hippie no era ni mucho menos agresiva. Escuchas todos estos sentimientos de ‘punk rock’ como, ‘mata a los hippies’. Y eso está bien, cuando estás enojado y eres enérgico y eres joven y estás excitado, tienes una erección y se roza contra la parte delantera de tus jeans, y tu cerebro está en llamas y le añades un poco de alcohol… Pero los hippies se oponían a la mayoría de las mismas cosas a las que nos opusimos, y les pateaban el culo tanto como a nosotros“. 

Los policías eran malos. No sé si nos odiaban o simplemente éramos su billete gratuito para practicar las tácticas antidisturbios. Ellos venían a jodernos porque a nadie les importábamos”, explica Al Flipside del fanzine californiano. “Siempre hacían cosas ilegales para joderte, como poner sus pistolas en tu cara. Estábamos asustados de los polis. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Darles una paliza?”, recuerda Henry Rollins. “La policía de Los Ángeles, a la menor oportunidad que tuvieran de patear tu culo, lo hacían. ¿Qué mejores objetivos que los hardcore kids? La mayoría de ellos o se habían escapado de casa o tenían familias disfuncionales o padres a los que no les importaban una mierda”, recalca Pat Dubar, de Uniform Choice, también las páginas de American Hardcore de Steven Blush

D.H. Peligro, de Dead Kennedys, recuerda que mientras estaba actuando en Los Ángeles junto a D.O.A. el concierto se convirtió en una “pesadilla de ácido”. “Los gases lacrimógenos rompieron las ventanas, la gente cogía sus cazadoras y se las ponían sobre sus caras y corrían. Los policías, con cascos y escudos, entraron, arrasaron con todo, comenzaron a golpear a la gente y a empujarlos fuera, donde más polícías estaban esperando para golpearlos”. 

Black Flag todavía no aparecían en el radar policial cuando el LAPD perpetró su primera gran matanza en la escena punk angelina. Fue un sábado 17 de marzo de 1979, el Día de San Patricio, en el Elks Lodge, cerca de MacCarthur Park, con un concierto previsto con algunas de las bandas más representativas de la primera ola del punk de LA., como X, The Alleycats, The Plugz, The Zeros y The Go Go’s, más The Wipers desde Portland. La mayoría de las bandas no llegaron ni siquiera a actuar porque la policía se presentó mientras The Plugz estaban sobre el escenario. “El olor de los problemas acechaba en el aire, mientras, inquietantemente, policías con equipo antidisturbios aparecieron lentamente en el pasillo, sin explicación. Fue un espectáculo surrealista de presenciar. Al principio, los organizadores pidieron a la banda que dejara de tocar, pero siendo los punks irreverentes que eran, los Plugz se resistieron a la autoridad, informando al caballero a cargo que tenían la intención de terminar su set sin importar quién-dijera-qué. Se emitieron más solicitudes para que la banda dejara de tocar, pero claramente nadie entendió realmente qué demonios estaba pasando en ese momento. No mucho después, la banda y el público se desconectaron abruptamente, y una noche de juerga y diversión inocente de repente se volvió inquietantemente gris”, recuerda Eden Felt en un artículo publicado en Maximum Rocknroll en mayo de 2013. 

Ya habíamos terminado nuestro set … estábamos fuera del escenario cuando llegó la policía. El caos se desató, los helicópteros volaban muy bajo … la policía subió las escaleras con sus porras“, explica Margot Olaverra, de las Go-Go’s. Su compañera, Ginger Canzoneri, prosigue explicando que “cuando nos íbamos [las Go-Go’s], los policías estaban detrás de nosotras con sus porras y me estaban dando golpes en el trasero. Realmente me molestó eso. Pensaron que era histéricamente divertido y se reían y no había nada que pudiera hacer al respecto. Tenía unos pantalones muy ajustados y zapatos de tacón alto y pensaron que era divertido“.

Salí fuera a fumar un cigarrillo por la puerta principal, giré a la izquierda y fui a la calle principal donde estaba la policía con su equipo antidisturbios. Pensé que algo no iba bien y que algo iba a pasar”, recuerda Keith Morris sobre aquella noche. “Me di la vuelta y volví por la puerta principal y esos polis parecían estar siguiendo mi camino, moviéndose muy rápido. Una vez que empezaron a correr entraron por la puerta principal y solo tuve tiempo de apartarme y refugiarme dentro del servicio de hombres. De hecho, respiro aliviado por eso, porque entraron y abrieron cabezas … Subieron las escaleras, tal vez un centenar de tíos estaban allí pasando el rato. Y llegaron con escudos y porras, simplemente empujando y empujando y golpeando a todo el mundo”. “”Estaban rompiendo cráneos a cualquiera que se interpusiera en su camino. Tres o cuatro docenas de personas resultaron heridas, media docena seriamente. Me escondí en el baño de hombres. De repente, Donnie Rose (The Weirdos) entró volando por la puerta, sangrando por la cabeza, y él dijo: ‘Quédate donde estás’“, añade Morris en Lexicon Devil.

Don Bolles, batería de los Germs en su disco (G.I.), rememora en las páginas del libro Lexicon Devil, escrito por él mismo y Brendan Mullen, que “el escuadrón antidisturbios de la infame División Rampart de LAPD subió a ambos lados de la escalera ultra ancha en el vestíbulo del Park Plaza Elks Lodge en una sola fila, formó una línea en la parte superior, luego descendió las escaleras se acercaron por los laterales a los seguidores de las Go-Go’s que tuvieron la mala suerte de interponerse en su camino, con las porras balanceándose. ¡Pequeñas niñas de 15 años de los suburbios de Valley y Orange County, cuyos padres acababan de dejarlas para ver que las Go-Go’s estaban siendo golpeados en la cabeza por estos Terminators con casco sin provocación ni advertencia! Policías en equipo antidisturbios corriendo como locos, persiguiendo a un grupo de niños pequeños asustados que huían pavorosamente”. 

Los policías echaron a todos fuera del edificio. Luego, cuando todos salimos, cargaron a todos con sus porras, obligando a todos a huir alrededor de la manzana. Fue un caos; recuerdo a Darby [Crash] tratando de escalar la cerca de una iglesia, estaba demasiado jodido para lograrlo y se quedó atascado en ella, una púa atravesando cada manga de su chaqueta de cuero. La gente estaba tratando de ayudarlo, pero la policía estaba corriendo y golpeando y Darby estaba atrapado colgando como si estuviera crucificado… Corrimos junto a él y vimos a los policías golpeándolo, luego volvimos a vernos y él todavía estaba colgado, indefenso, así que simplemente lo empujamos y corrimos“, señala Dez Cadena en Lexicon Devil.

Fue desagradable”, recuerda Ron Reyes en la biografía sobre Black Flag de Stevie Chick. “La gente fue apalizada, Parecía como si todo el departamento del SWAT estuviera sobre nosotros, fue algo terrible”. “Fue violencia sin sentido, no recuerdo en qué momento pasó de algo pacífico a violento. La policía estaba ordenando marchar a la gente pero no había razón. El local podía albergar a 1000 personas y allí quizá habría 300. Realmente fue porque no querían a este ‘elemento’ en el vecindario”, recuerda Steven McDonald de Redd Kross en Spray Paint the Walls. “Mis padres estaban allí, esperándonos fuera metidos en el Toyota, la policía estaba golpeando a la gente en la cabeza, no podías salir sin tener que escapar de ellos. Y todo lo que sé es que mi padre estaba en esa puerta, vio lo que estaba pasando, los vio golpeando a la gente y esas cosas, y ahí fue cuando estaban sentados en su auto, esperándonos, hasta que mi padre salió fuera de él, se sumergió entre el campo de batalla y nos agarró cuando intentábamos escapar, como en un momento dramático y heroico”, rememora Steven McDonald. 

Dan Nolte, de The Last, recuerda que en el exterior “había policías por todas partes”. “Habían cortado las calles, patrullaban el parque, incluso tenían a un helicóptero sobrevolando la zona”. “No sé cuánta gente fue arrestada. Tanto Slash como Flipside publicaron fotografías. Recuerdo una en la que aparecía uno de los hermanos Atta, de Middle Class, señalando a la cabeza de su novia, no sólo tenía el ojo morado, también puntos”, explica Keith Morris. “Estaba sentado junto a Jeff Atta, de Middle Class, y su novia Dorothy James cuando llegó la carga de la Policía. La siguiente vez que lo vi tenía una herida enorme en el medio de la frente, y Dorothy tenía un ojo morado y cortes en todo el rostro. Su hermana, furiosa por esta brutalidad, fue vista golpeando a un policía con una señal. Otros lanzaron ladrillos a través de las ventanas de los coches de la policía“, comenta Craig Lee, de The Bags, en Lexicon Devil

Me cogieron en los disturbios de Elks Lodge. Cuando pegaron a mi hermana Dorothy y a Jeff, las dos personas que más quiero, se me fue la olla. Cogí una señal de “prohibido aparcar” y se la lancé al poli. Los tíos me pillaron y me ataron de pies y manos… Me pegaron una paliza y estuve tres días en el hospital. No demandamos al LAPD como sí hizo Rodney (Bingenheimer) porque no sabíamos por dónde empezar. Nuestros padres nunca nos apoyaron en ese sentido, nunca nos ayudaban cuando se trataba de cosas así. Sigo sin entender qué pasó. X y las Go-Gos eran cabeza de cartel. Su rollo no tenía nada que ver con el de todas esas bandas machistas y extremadamente agresivas de hardcore que llegarían poco después incitando a todo el mundo a la violencia”, recuerda Barbara James en Tenemos la bomba de neutrones

Nos dimos cuenta de lo mucho que odiábamos a la policía. Fue completamente innecesario. Fue el típico comportamiento de un grupo autoritario: ‘Vayamos allí y enseñemos quién manda’. Pensaban que éramos una afrenta contra su autoridad, una afrenta contra sus egos, una afrenta contra su arrogancia, una afrenta contra sus sentimientos. A ellos no les gustaba porque no eran parte de ello y no querían serlo porque pensaban que era anti-estadounidense, contrario al establishment, lo cual, por supuesto, era cierto”, concluye Keith Morris en Spray Paint Walls. “La policía, especialmente en L.A., siempre ha sido muy fascista. Los policías pensaban que el punk era una rebelión que les amenazaba a ellos, a la familia americana, a la sociedad en general, por eso querían pisotearlo”, declara Dez Cadena en American Hardcore

Brendan Mullen, una figura clave en la escena punk angelina de aquellos años finales de los 70s ya que, entre otras cosas, era el propietario del The Masque, epicentro de la escena de Hollywood, comenta que “los boletines de noticias locales mostraban un automóvil de la policía con el parabrisas roto y algunas imágenes de la policía persiguiendo a la gente mientras lo llamaban ‘disturbios de punk rock’ para los que se llamó a la policía“. En la revista BAM se informó que la reportera de Los Angeles Times, Kristine McKenna, que asistió al concierto, declaró más tarde: “No vi ningún incidente en la sala que hubiera requerido la presencia de la Policía … La policía comenzó a maltratar a la gente sin ninguna advertencia o explicación“. 

En el periódico semanal Los Angeles Reader salió publicado un artículo bajo el titular “Una nueva ola de brutalidad policial”. En él se explicaba que “las razones para enviar un escuadrón completo de policías de Los Ángeles equipados con antidisturbios para cerrar el concierto siguen siendo un completo misterio. Ciertamente, la audiencia de Elks Hall no tenía ni idea de por qué estaban siendo expulsados. Hubo informes de una pelea en el bar de la planta baja entre los camareros y un cliente que afirmó haber sido estafado, pero esta habría sido una situación de arresto de rutina que requería un par de patrullas como máximo. No vi ninguna evidencia de violencia, vandalismo o desorden importante, y no había nada que sugiriera que el concierto en sí estuviera fuera de control de alguna manera. Sin embargo, la línea oficial del Departamento de Policía es que “la situación se había salido de control”, aunque el oficial de la estación Rampart con el que hablé al día siguiente no pudo citar ninguna situación específica que sugiriera que el edificio tenía que ser desalojado”. 

Las únicas personas que estaban fuera de control eran la policía. La policía de Los Ángeles estaba buscando claramente cualquier excusa para acabar con el espectáculo y, sin siquiera el más débil de los pretextos, entraron e hicieron lo que mejor hacen y disfrutan más: reventar y abrir cabezas. Fue un ejemplo clásico de disturbios policiales a pequeña escala sin motivo… Durante prácticamente 20 años, he visto a la policía en todo el país violar los derechos de los ciudadanos y los principios básicos de la Constitución con desmanes de violencia sin motivación. La exhibición del sábado pasado fue una de las más ofensivas y escandalosas demostraciones de brutalidad policial sin sentido que haya presenciado. Particularmente sin sentido, ya que no había ninguna razón para que sucediera. Sin embargo, no es sorprendente en una ciudad en la que la policía se ocupa del problema del polvo de ángel disparando a usuarios de PCP fuera de control”, prosigue narrando el artículo del Los Ángeles Reader

Según los informes, siete personas fueron encarceladas y un número inexacto, hospitalizadas y atendidas por los servicios médicos. Más tarde esa noche, el The Masque abrió sus puertas como enfermería para lesiones menos graves. “El sótano de Masque se convirtió en un centro temporal de ayuda a las víctimas de lo que se llamó la Masacre del Día de San Patricio. Estableció un precedente. En los viejos tiempos, la policía podía aparecer cuando las fiestas de las Plunger se volvían demasiado salvajes o cuando se montaba un espectáculo en la calle, pero básicamente los policías dejaban en paz a los punk. ¿A quién le importaba si un montón de críos de aspecto extraño bebieran, fingieran pelear y escucharan música desgarradora? Después de los disturbios del Elks, la policía se convirtió en una verdadera amenaza y comenzó a aparecer en espectáculos con mayor frecuencia“, reflexiona Craig Lee.

The Masque también fue el local donde se organizó una conferencia de prensa improvisada que sirvió para denunciar la paliza gratuita que había pegado la policía de Los Ángeles a la comunidad punk de la ciudad. De aquella rueda de prensa salió algo positivo según recuerda Mark Stern, de Youth Brigade, en las páginas de Tenemos una bomba de neutrones. “Durante la rueda de prensa se me ocurrió una idea de que necesitábamos hacer algo para resaltar y fomentar los aspectos positivos de la música, porque parecía que lo único que eran capaces de ver los medios de comunicación era la parte negativa, los chavales enloquecidos con imperdibles en la mejilla, los disturbios, bla bla bla. Entonces puse en marcha BYO, la Better Youth Organization”.


Autor: Charlie Condenado


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«¡Somos ruidosos, y si no os gusta eso, os podéis ir a ver Walt Disney!»

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