De la factoría
a la pantalla
West Ham United y Millwall Football Club comparten ciudad, pasado industrial y más de un siglo de rivalidad. Este especial investiga cómo nació esa rivalidad, la cultura que creció a su alrededor, cómo el cine la convirtió en mito internacional y los duelos grabados en la memoria. Conoce la historia a través de los siguientes contenidos.
WHU vs MFC:
UNA HISTORIA
DEMASIADO BUENA
PARA SER CIERTA
Empieza siempre igual, en mayo de 1926, con los piquetes ante las puertas del puerto. Un bando ha dejado el trabajo por solidaridad con los mineros; el otro decide cruzar para trabajar. Los primeros son del West Ham, los segundos del Millwall, y para estos últimos queda una palabra que nunca se ha olvidado: «Scabs». Es demasiado buena para que no haya calado como explicación de una rivalidad centenaria. Sin embargo, la realidad parece desmontar el titular y, además, los seguidores de West Ham United y Millwall Football Club nunca han necesitado de la excusa de una huelga obrera para liarse a mamporros. Algo que se han empeñado en demostrar desde principios del siglo XX.
Manifestación durante la huelga general de 1926 en el Reino Unido. Imagen histórica restaurada y coloreada utilizando herramientas de inteligencia artificial.
NAVEGACIÓN DEL ARTÍCULO
LA NECESIDAD DE UNA CAUSA
Tras el infame y eléctrico duelo en Carling Cup de 2009, con goles en los
últimos minutos, prórroga, invasiones de campo, disturbios antes y
después, e incluso un apuñalado; los medios de comunicación no tardaron
en buscar, o quizá fabricar, una causa para explicar la violencia.
Amin Maalouf, en Identidades asesinas, presenta la tesis de que
las identidades colectivas tribales fabrican narrativas para justificar
la violencia entre grupos. Una tesis que se reflejó en el tratamiento
del episodio por los medios de comunicación anglosajones durante aquellos
días posteriores a una de esas raras ocasiones en las que
«The Hammers» y «The Lions» miden fuerzas a todos
los niveles.
El Daily Telegraph escribió, en agosto de 2009, que «the Millwall shipyard» había roto aquella huelga de 1926.
«Al norte tenías a los trabajadores de los Royal Docks (empapados del granate y celeste del West Ham) y al sur, los muelles de Millwall, London y Surrey (Millwall ’til die!). Cuando el astillero de Millwall rompió la huelga de los estibadores de 1926, la indignación al otro lado del río llevó las tensiones al punto de ebullición.»
THE DAILY TELEGRAPH · 2009
La huelga general empezó la noche del 3 de mayo de 1926 y duró nueve días. El gobierno envió estudiantes de Oxford y Cambridge y marineros de la Marina Real a descargar los barcos. Los sindicatos pusieron piquetes para impedirlo. En los muelles de donde salía buena parte de los seguidores del Millwall, de 2.000 trabajadores censados sólo siete se presentaron el primer día. En los muelles de mayoría del West Ham, el paro fue igual de sólido.
EL CARA A CARA
| COMPETICIÓN | PARTIDOS | MILLWALL | EMPATES | WEST HAM |
|---|---|---|---|---|
| Southern League (1899–1915) | 32 | 15 | 8 | 9 |
| Football League / EFL | 25 | 5 | 12 | 8 |
| FA Cup | 2 | 1 | 0 | 1 |
| League Cup / EFL Cup | 1 | 0 | 0 | 1 |
| Simod Cup | 1 | 1 | 0 | 0 |
| TOTAL | 61 | 22 | 20 | 19 |
Fuente: Goal.com. Balance agregado de 100 encuentros. Incluye competiciones regionales de comienzos del siglo XX y algunos amistosos tempranos. La fuente no publica un desglose partido a partido de esos 100 encuentros.
METODOLOGÍA +
Existen dos recuentos según el alcance de las competiciones incluidas. El balance absoluto de 100 encuentros procede de Goal.com e incorpora Western League, London League, Southern Professional Charity Cup y algunos amistosos tempranos, además de las competiciones incluidas en el recuento oficial.
El balance de 61 partidos oficiales ha sido contrastado de forma independiente entre 11v11.com y Transfermarkt.com, con coincidencia exacta entre ambas fuentes. Incluye Southern League First Division, Football League/EFL, FA Cup, League Cup/EFL Cup y Simod Cup.
WORKING CLASS ROOTS
Ambos clubes tenían orígenes obreros. No solo por sus «supporters». Su fundación está ligada a empresas. En 1885, Millwall Rovers, antecesor de Millwall FC previo uso de la denominación de Millwall Athletic, fue fundado por trabajadores de J.T. Morton, una empresa de conservas y provisiones instalada en Isle of Dogs, donde se ubica el muelle de Millwall.
A poca distancia, junto a la desembocadura del Lea, en junio de 1895 iba a nacer un vecino incómodo, y por aquella época todavía rival del East London. Thames Ironworks and Shipbuilding Company se dedicaba a la construcción de cascos para navíos. Un capataz de la empresa y árbitro, Dave Taylor, propuso montar un equipo y el director de la empresa, Arnold Hills, respaldó su propuesta.
Hills había jugado en Oxford, defendía la abstinencia alcohólica y confiaba en el deporte como cemento de las relaciones laborales. Concebía al equipo, bautizado como Thames Ironworks FC, como una forma de prolongar la fábrica hasta en las horas de descanso de los obreros. Cerca de cincuenta empleados se apuntaron pagando media corona por jugar. Exprimidos durante y después de la jornada laboral. Capitalismo.
En el verano de 1900, Thames Ironworks FC desapareció víctima de tensiones derivadas de su llegada al fútbol profesional. De esa liquidación nació, el 5 de julio de 1900, West Ham United Football como sociedad limitada. Poco cambió. Hills siguió poniendo el dinero, la mayoría de los jugadores se quedaron y el equipo continuó jugando en el Memorial Grounds. Era la misma columna vertebral con una estructura más apta para el fútbol profesional y un nombre que hacía referencia al distrito entero.
Millwall y West Ham nacieron al norte del río, dentro del mismo Londres industrial del este; la oposición entre East End y South London todavía necesitaba una mudanza que tardaría una década en llegar. Cuando cruzó el río hacia el sur de Londres para jugar en el viejo The Den.
FREE FIGHTS WERE PLENTIFUL
Los seguidores de los dos equipos eran vecinos que iban al fútbol porque sus padres habían ido, generación tras generación, y así se fue construyendo, sin prisa, un repertorio de cánticos y agravios que fue generando una rivalidad desde prácticamente los inicios de sus enfrentamientos deportivos.
En un partido de 1906 que nadie recuerda por el resultado, un choque violento entre dos jugadores acabó con expulsiones y con la excitación del campo contagiada a las gradas:
«The crowds on the bank having caught the fever, free fights were plentiful.»
PRENSA LOCAL · 1906
Escribió el periódico local. Veinte años antes de la huelga que, supuestamente, generó ese odio entre ambas aficiones.
THE KRAY TWINS VS RICHARDSON BROS AND THE TORTURE GANG
Durante sus primeras décadas de existencia, los duelos entre Millwall y West Ham fueron habituales en competiciones regionales, copas cuyo nombre nadie recuerda, ligas profesionales e incluso dos emparejamientos en FA Cup. Hubo temporadas en las que se midieron hasta en siete ocasiones. Tras la II Guerra Mundial, los derbis iban a ser mucho más intensos por la excepcionalidad de las ocasiones en las que sus caminos se iban a cruzar.
Desde 1947 hasta finales de los años setenta no se iban a volver a enfrentar en Liga. Desde su encuentro en un torneo regional menor de 1959 hasta 1978 pasaron diecinueve años sin un derby en partido oficial. Sin embargo, las tensiones entre East End y South London no se iban a disipar durante la década de los sesenta, pero en esta ocasión no iban a obedecer a cuestiones futbolísticas. Los bajos fondos iban a tomar el control de estas tensiones territoriales.
Diecinueve años sin derbi en el mismo Londres que en esa década vestía a medio planeta desde Carnaby Street y ponía discos de Beatles y Stones en la radio de todo el mundo. Por debajo de esa fama había también una geografía criminal que dividía el East End del South London como si fuera el Támesis.
En el East End mandaban los gemelos Kray, Ronnie y Reggie, que dirigían clubes nocturnos y ofrecían protección mientras se dejaban fotografiar con actores y políticos como si fueran empresarios respetables. A comienzos de los sesenta, Ronnie salió de una condena de dieciocho meses por extorsión, y su hermano, para protegerlo de amenazas de otro gánster, le compró un club nocturno del West End llamado Esmeralda’s Barn.
De la noche a la mañana, dos matones de Bethnal Green pasaron a codearse con actores, aristócratas y algún parlamentario en su propio local, con esmoquin y todo.
En el sur del río mandaban los hermanos Richardson, apodados la «Torture Gang» por sus métodos. Clavaban a sus víctimas al suelo con clavos de quince centímetros, les arrancaban dientes con tenazas, y usaban un generador de campaña, apodado «black box», para aplicarles descargas eléctricas en los genitales, después de mojarlos con agua fría para que el voltaje doliera más. Al terminar, Charlie Richardson le regalaba a cada víctima una camisa limpia para volver a casa.
El juicio contra los Richardson, en 1967, se conoció como el «Torture Trial». Durante semanas, testigo tras testigo describió ante el jurado las mismas escenas hasta que Charlie recibió veinticinco años de cárcel y su hermano Eddie, diez.
A los Kray los condenaron dos años después, en 1969, por los asesinatos de George Cornell, al que Ronnie le metió un balazo en la frente en el pub Blind Beggar de Whitechapel; y Jack McVitie, apuñalado por Reggie. Ronnie no volvió a salir en libertad y murió en el hospital psiquiátrico de Broadmoor en 1995.
EL ASCENSO DE LOS HOOLIGANS
En esas mismas calles del East End, los chicos que hasta hacía poco vestían trajes de mod empezaron a rapar la cabeza y a lucir las botas del curro. Encontraron en las «terraces» del fútbol inglés el escaparate perfecto para hacer gala de su presencia intimidante. Mods, skinheads, suedeheads, bootboys, se dejaban notar por los campos de cualquier ciudad y categoría en unos años en los que aumentaba la asistencia tras el éxito inglés en el Mundial de 1966. Al mismo tiempo también iba a crecer la violencia que marcaría los años setenta y ochenta.
Por esos años empezó a circular el llamado «Millwall brick». Un periódico enrollado y doblado sobre sí mismo hasta quedar tan duro como una porra, con la ventaja de que ningún policía podía confiscar un periódico. En un partido contra Brentford, la propia grada visitante del Millwall lanzó una granada de mano hacia la portería contraria. El portero la recogió, la examinó y la tiró a su propia red. Sólo después se supo que era de juguete.
A falta de partidos oficiales, buenos son los amistosos.
En 1972, en Cold Blow Lane, el derby se volvió a repetir en un encuentro homenaje a un defensa que había vestido ambas camisetas. Harry Cripps. Era su nombre. 3-5. Fue el resultado. Pero la noticia no estuvo en el césped. La policía montada tuvo que evacuar varias invasiones del terreno de juego, hubo peleas entre grupos de jóvenes seguidores de ambos clubes, mientras el partido se seguía disputando ajeno al espectáculo hooligan.
El advenimiento del fenómeno hooligan en una metrópoli como Londres iba a permitir que gracias a su red de metro y ferrocarril los partidos entre clubes ya no fueran necesarios. Las estaciones, los andenes, eran escenarios ocasionales para un enfrentamiento contra cualquier «firm» metropolitana o foránea que estuviera en la ciudad.
En uno de esos encontronazos improvisados de violencia gratuita, en 1976, un chico de diecinueve años del Millwall, Ian Pratt, murió arrollado por un tren en la estación de New Cross tras una pelea con hinchas del West Ham en el propio andén.
Días después empezaron a circular en Cold Blow Lane octavillas con su fotografía y una amenaza de muerte para vengar la de Ian Pratt.
Mientras tanto en el East End cantaban…
«West Ham boys, we’ve got brains, we throw Millwall under trains!»
TRES DÉCADAS SIN DERBI EN LIGA
En este contexto, treinta y un años después, cuando el derbi de liga regresó en 1978, lo hizo con un dispositivo de medio millar de efectivos, cordones policiales en las estaciones de metro, cacheos a las puertas de los estadios y segregación total entre aficiones.
Pero también y para entonces comenzaban a surgir las denominaciones de origen de muchas de estas firms de hooligans. Comenzaban años en los que nombres como Inter City Firm, del West Ham; Bushwackers o F-Troop, del Millwall; y muchas otras más se convertirían en ese concepto de folk-devils acuñado por Stanley Cohen, el que explica la fabricación de villanos que causaban el pánico moral en la sociedad inglesa gracias a sus acciones y, no hay que obviar, a la cobertura de los medios de comunicación que contribuyeron a su popularización y demonización.
Un documental de Panorama, en 1977, dedicado por completo a la violencia del Millwall, dejó una imagen poco amigable de su estadio. La respuesta de la propia afición llegó poco después, cantada con la música de «Sailing» de Rod Stewart.
«No one likes us, we don’t care.»
MILLWALL
Nadie nos quiere, no nos importa.
Poco importó a los aficionados del Millwall las medidas de seguridad diseñadas para el derbi de 1978 en Upton Park. La leyenda cuenta que un grupo numeroso de hooligans del Millwall cargó contra el South Bank, la grada habitual donde se concentraba la afición local de West Ham en el Boleyn Ground.
70 detenidos. 6 maderos heridos. Balance de las refriegas antes, durante y después del partido.
En el césped, 3-0 para el West Ham.
Hat-trick de Bryan «Pop» Robson.
No nos importa.
Este derbi de 1978 iba a ser el último antes de un cambio estético de alto impacto en las gradas británicas. El bootboy era una especie en extinción mientras el fenómeno casual se iba a convertir en la tendencia dominante desde finales de los años setenta.
El skinhead de botas y cabeza rapada ya no iba a ser el protagonista. La indumentaria consistía en chándales italianos y jerséis de marcas que nadie en Canning Town o Bermondsey había oído nombrar hasta que los aficionados del Liverpool FC empezaron a viajar a partidos europeos y volvían con ellas en la maleta.
DOS DERBIS HISTÓRICOS EN FIRST DIVISION
Fila, Sergio Tacchini, Ellesse, Lacoste, Fiorucci, Diadora, Lois, Adidas, Puma. Marcan la tendencia de unos años ochenta en los que la violencia hooligan iba a llegar a su cúspide.
Unos años ochenta que también iban a deparar los dos primeros derbis, y únicos hasta la fecha, entre West Ham United y Millwall Football Club en la máxima categoría del fútbol inglés.
Sin embargo, al igual que pasó con el derbi de 1978, el partido venía marcado por la violencia entre los hooligans de ambos equipos. En 1986 le tocó el turno a otro chico de diecinueve años, esta vez del West Ham. Terry Burns murió apuñalado en las escaleras de una estación de metro por un grupo de hinchas del Millwall.
Dos derbis en la élite por primera vez en casi noventa años.
Dos triunfos del West Ham United.
0-1 en diciembre de 1988 en el viejo The Den.
3-0 en abril de 1989 en el Boleyn Ground.
Millwall fue décimo. Su mejor posición en First Division. Superó a su rival en la clasificación por primera vez en décadas.
West Ham fue decimonoveno. Bajó a Second Division.
No nos importa.
2009: ESCAPE FROM UPTON PARK
Llegaron nuevos derbis con los años noventa. El Millwall se llevó el último derby en el viejo The Den. En 1993 emprendía una nueva mudanza. Se movía algunos centenares de metros. Permanecía al sur del río.
En el nuevo The Den, en 2004 y en EFL Championship, «The Lions» ganaron a los «Hammers» por goleada precisamente el día de la madre en el Reino Unido. Los seguidores del Millwall bautizaron la victoria como la «Mother’s Day Massacre». 4-1. Y dos penaltis fallados.
Sin embargo, el enfrentamiento más famoso de este siglo XXI entre West Ham United y Millwall Football Club acaeció en una tarde-noche de un día laborable de agosto. En una ronda de mierda de una competición de segundo orden como la Copa de la Liga.
El 25 de agosto de 2009 el Millwall visitó
Upton Park en Carling Cup. Horas antes del
partido, cientos de aficionados ya se enfrentaban junto a la estación
de metro, lanzándose botellas y ladrillos frente a cordones policiales
que apenas resistieron a duras penas.
En Priory Road, pegada a la propia estación, un grupo de hinchas del Millwall rompió uno de esos cordones para emboscar a un grupo de seguidores del West Ham, y ahí un hombre de cuarenta y cuatro años recibió una puñalada en el pecho.
Dentro del estadio, el West Ham acabó ganando 3-1 en la prórroga, pero eso a nadie le importó demasiado esa noche. Hubo varias invasiones de campo cuando la policía perdió el control de los accesos, y la Football Association terminó multando al West Ham con 115.000 libras por no controlar a su gente.
Al día siguiente el Daily Mail escribió que los estibadores del West Ham habían hecho huelga en 1926 mientras los del Millwall seguían trabajando. Dos días después llegó el Telegraph con su astillero.
QUE LA REALIDAD NO TE ARRUINE UN TITULAR
En 2011, un blog de historia local llamado Transpontine se sentó a comprobar la versión de los esquiroles con los archivos sindicales de Southwark y descubrió justo lo contrario de lo que llevaba ochenta y cinco años repitiéndose. En los muelles del sur, el paro había sido casi total.
No nos importa.
Ese mismo año la BBC repitió en su Football League Show la vieja historia de los muelles rivales, como si nada hubiera pasado mientras tanto.
Entre los comentarios de aquella publicación, alguien que decía ser del West Ham confesó que él mismo había contado esa historia mil veces. Ahora tendría que buscar otra razón para odiar al Millwall.
Encontró una en el acto.
«Volverán a ganarnos.»
Esgrimió.
No nos importa.
AUTOR · KICKIN’ CHARLIE
UN MADERO
INFILTRADO EN
LA PERRERA
Un joven agente se pasó dos años bebiendo, viajando y peleando junto a los Bushwackers del Millwall Football Club. Cuando la operación de Scotland Yard terminó, nadie fue detenido. Seis años después, su historia se convirtió en una película de culto: «I.D.». Dieciocho años después del estreno, la contó él mismo en un libro llamado «Running with the Firm: My Double Life as an Undercover Hooligan».
Fotograma de «I.D.» (1995). Imagen restaurada y coloreada utilizando herramientas de inteligencia artificial.
NAVEGACIÓN DEL ARTÍCULO
DOS AÑOS ENCUBIERTO:
LA INFILTRACIÓN QUE INSPIRÓ I.D.
Jim Ford era pintor y decorador. Vivía en Wandsworth. Tenía veintiún años, y en eso no mentía. Se llamaba en realidad James Bannon, era agente de la Policía Metropolitana, y había llegado al Old Castle, un pub de Old Kent Road, una noche de abril de 1987, después de que el primer local de la ruta, el Woodcutter, resultara estar casi vacío.
Su sargento, al que llamaría después Chris, caminaba a su lado. Ninguno de los dos sabía todavía cuánto iba a durar aquello. Casi dos años, calcularía Bannon después.
La operación terminó hacia 1989 sin cargos ni condenas ni publicidad alguna. En secreto, al igual que su inicio. Seis años más tarde, esa historia se convirtió en una película, I.D. Dieciocho años después del estreno, un libro escrito por el propio Bannon puso nombre, fecha y calle a episodios que hasta entonces sólo existían como notas previas a un guión adaptado a la gran pantalla.
En marzo de 1985, un partido de la FA Cup entre Luton Town y Millwall dejó butacas arrancadas e invasiones de campo en Kenilworth Road. El Parlamento lo debatió al día siguiente. El Home Secretary pidió un informe al jefe de policía de Bedfordshire. The FA también inició una investigación. Dos meses después, 39 personas murieron en Bruselas antes de una final europea, y la implicación de aficionados ingleses en el desastre de Heysel convirtió un problema doméstico en una vergüenza continental. The English Disease, así se llamaba el diagnóstico.
El Home Office empezó a probar unidades de vídeo capaces de grabar dentro y fuera de los estadios. La policía de transporte defendió en el Parlamento el uso de cámaras portátiles en las estaciones. Querían caras, rutas, pubs, es decir, material capaz de decirles, antes del sábado, quién iba a estar dónde.
De esa necesidad nació el spotter, el agente que conoce tan bien el mapa social de una hinchada que puede convertir una multitud en una lista de sospechosos habituales. Uno de ellos, al que Bannon llamaría Guy, llevaba casi una década trabajando los partidos del Millwall en uniforme.
Las cámaras podían fotografiar una cara en una grada. Sin embargo, en aquel momento no podían grabar una conversación en la trastienda de un pub, ni saber quién había convocado esa reunión. Para eso hacía falta un hombre sentado en la mesa de los top boys.
UNA NUEVA ESTRATEGIA POLICIAL
Bannon no entró en un experimento aislado. Desde 1985 había agentes infiltrados entre los Chelsea Headhunters, en una operación llamada Own Goal. En mayo de 1987, cinco hombres recibieron condenas de entre cinco y diez años. Dos años después, el Tribunal de Apelación anuló al menos dos de esas condenas. El motivo no sorprenderá. Los agentes habían falsificado sus propias declaraciones.
En Birmingham, Operation Red Card apuntó a los Zulu Warriors, del City. En Londres, White Horse fue contra el West Ham y la Inter City Firm; Backyard, contra el Crystal Palace; Full-Time combinó infiltración y redadas en el sureste de la ciudad. En mayo de 1988 un proceso contra once seguidores del West Ham se hundió en el Snaresbrook Crown Court cuando un perito forense puso en duda cuándo se habían escrito realmente ciertas páginas de los cuadernos policiales.
Una pregunta parlamentaria de aquel mismo mes menciona tres operaciones por su gasto público. Own Goal, Full-Time y Dirty Den, esta última centrada en el Millwall FC. En la documentación consultada para este reportaje no aparece ninguna fuente de la época que identifique Dirty Den con la misión de Bannon; su despliegue había arrancado un año antes, con otra unidad de la policía metropolitana londinense.
Greater Manchester diseñó sus propias operaciones contra el entorno hooligan, Omega y Gamma, en coordinación temprana con la Fiscalía, precisamente para no repetir los fallos de registro que habían hundido los casos de Londres. Omega, contra el Manchester City, terminó con condenas para 25 de los 26 acusados.
UNDERCOVER
BRITAIN
1985—1989
Después de Luton y Heysel, la respuesta policial al hooliganismo empezó a moverse fuera del estadio. Cámaras, spotters, vigilancia y agentes encubiertos buscaron identificar a los «generals» de las firms, conocer sus planes antes del sábado así como convertir sus relaciones, viajes y conversaciones en pruebas de cargo. Conoce más sobre las operaciones de infiltrados en el periodo a través de este menú interactivo o haz el scroll para continuar leyendo el resto del artículo
“They somehow are anonymous,
MARGARET THATCHER
no-one will get them.”
- OBJETIVO
- FUERZA POLICIAL
- MÉTODO
- RESULTADO
MALA REPUTACIÓN
Millwall arrastraba una reputación propia desde los setenta, cuando un grupo llamado F-Troop empezó a organizarse alrededor de The Den, en New Cross. Hacia los ochenta esa red pasó a llamarse Bushwackers. Había hombres con reputación y otros que orbitaban a su alrededor. La visita de 1985 a Kenilworth Road, campo del Luton Town, multiplicó esa fama hasta que «Millwall» empezó a significar, para buena parte de la prensa y del Gobierno, el hooliganismo inglés entero.
Bannon situaría después una entrevista en Scotland Yard el 6 de marzo de 1987, y su llegada a la comisaría de Brockley a finales de ese mes. El objetivo se formuló en términos judiciales. Había que identificar a hooligans conocidos, entrar en sus círculos, reunir material que sostuviera detenciones y, sobre todo, condenas.
La cobertura se sostenía en detalles pequeños como el tener un trabajo que explicara por qué estaba libre cualquier día de la semana o una tarjeta profesional con su nombre de infiltrado. Todo ello rematado con una biografía inventada, pero simple, para evitar riesgos. Bannon recordaría un episodio en el que antiguos conocidos del mundo policial lo vieron en un pub y tuvo que improvisar una excusa sobre su propia alfabetización, para justificar por qué necesitaba ayuda con unos papeles. Fue mala suerte, del tipo que puede tirar meses de trabajo a la basura en un minuto y dar con tus huesos en un hospital.
El verano sin partidos era otro problema añadido para un infiltrado en el mundo hooligan. No había desplazamientos ni pubs llenos antes de un partido, y Jim Ford tenía que seguir apareciendo igual, sin motivo futbolístico, hasta que llegara agosto con el inicio de una nueva temporada.
ASUMIR LA IDENTIDAD
Otros equipos encubiertos activos en Millwall, West Ham o Chelsea no sabían de la existencia de la misión de Bannon. El secreto protegía la operación de filtraciones, pero tenía un riesgo asociado. En medio de una carga, un policía uniformado podía detener o golpear a un agente sin saber que tenía delante a un compañero. Bannon cuenta una noche así. Terminó en una lechera, recibiendo golpes de cinco agentes de su propio cuerpo, que lo tomaron por uno de los temidos hooligans del Millwall. No pudo decir quién era hasta llegar a la comisaría.
Bannon ha contado, en entrevistas posteriores, un episodio en Middlesbrough, que aparece reflejado en I.D.. Corrió hacia la pelea, según su propio relato, no como el hooligan que fingía ser, sino arrastrado por su propia rabia. Derribó a patadas a un seguidor rival. Solo al levantar la vista descubrió que tenía inmovilizada por el cuello, contra el suelo, a una agente de policía a la que no había reconocido en medio del caos. Tuvo que apartarlo su propio compañero de firm.
También ha descrito un pub donde un vendedor de hachís dudaba en servirle por miedo a que fuera policía. Bannon recitó de memoria, palabra por palabra, la advertencia legal que un agente pronuncia al detener a alguien, como si fuera una broma entre colegas. El vendedor se asustó primero y se rió después.
Ha admitido, además, haber presenciado una agresión contra un aficionado del Crystal Palace en un tren, delante de la familia de la víctima, sin intervenir. Y ha dicho que sintió algo por la hermana de uno de los hombres a los que investigaba, aunque niega que hubiera sexo. En 2013 calificó de inaceptable que un agente encubierto use el sexo como táctica para acercarse a sus objetivos ni para lograr información. Quién lo diría por la película.
No hay evidencia de que Bannon inventara delitos para fabricar casos contra nadie. Sí reconoce haber golpeado, haber mirado hacia otro lado y, en algún momento, haber dejado de saber con certeza si actuaba como policía o como uno más del grupo. En 1987 no existía el marco legal de la actualidad. El sistema de autorización y proporcionalidad que ahora regula a los agentes encubiertos se construyó después, y desde 2021 incluye una base legal para autorizar, en casos limitados, cierta conducta criminal. Nada de eso existía cuando Bannon entró en el Old Castle. La frontera entre lo tolerable y lo intolerable dependía, en la práctica, de una cultura policial interna que el público no podía fiscalizar.
Bannon resume el resultado de su misión con una frase suya. Dos años dentro, ninguna detención directamente atribuible a su trabajo. Una infiltración puede no llegar a juicio por notas inconsistentes, por contradicciones entre agentes, por lo difícil que resulta convertir una fanfarronada de bar en prueba de conspiración, y seguir alimentando, al mismo tiempo, decisiones que la policía tomó sin necesidad de un tribunal.
Mientras Bannon seguía dentro, el caso de Snaresbrook contra los seguidores del West Ham se hundía por las mismas razones que amenazaban cualquier operación construida sobre el testimonio de un infiltrado. Scotland Yard prefirió cerrar la operación para evitar cualquier descrédito ante un tribunal.
¿HASTA DÓNDE LLEGÓ?
No existe una orden pública de cierre de la operación. Todo se mueve entre las sombras. Bannon la sitúa hacia 1989, sin fecha exacta, y dejó la Policía Metropolitana poco después.
Bannon dejó la policía con una experiencia difícil de resumir en un currículum. Buscó trabajo como actor. En algún punto de esa transición, su propia experiencia se convirtió en material para una historia. Los créditos de la película que resultó de ahí son precisos en algo que muchas reseñas posteriores no lo fueron. A James Bannon se le reconoce la original story. El guion es de Vincent O’Connell.
O’Connell lo ha dicho sin rodeos en su propia web. Él escribió la película, apoyándose en la historia de Bannon, y la describe como basada en hechos reales alrededor del colapso de los juicios contra aficionados acusados de conspiración para cometer actos de violencia.
O’Connell ha contado, además, su insatisfacción inicial con la dirección de Philip Davis. Esperaba algo más cinematográfico y sintió que el resultado se acercaba al realismo social de la televisión.
I.D. se estrenó en el Reino Unido el 5 de mayo de 1995. Una crítica de The Independent, publicada al día siguiente, la leyó como un estudio sobre hombres transformados por la violencia, no como una película de fútbol.
BERMONDSEY DISFRAZADA DE SHADWELL
En la vida real, Shadwell está al norte del Támesis, en Tower Hamlets. Millwall juega al sur. La película, sin embargo, se rodó en su mayor parte en Bermondsey, dentro del territorio históricamente asociado al Millwall.
El pub ficticio The Rock era, en realidad, The Rising Sun, en el número 72-74 de Old Jamaica Road, demolido después del rodaje. Las persecuciones cruzan Tyers Gate, Bermondsey Street, Longfield Estate, Enid Street. La marcha neonazi del final avanza por Old Jamaica Road y Rouel Road hacia Abbey Street. Sur de Londres otra vez, aunque el club de la ficción se llama Shadwell Town.
Solo una escena de todo el rodaje se filmó de verdad en el barrio de Shadwell. La comisaría ficticia, en St George’s Town Hall, en Cable Street. El resto de la película usa Bermondsey para representar un escenario que inspira el nombre del club del que realmente trata la película.
El estadio de Shadwell Town, The Kennel, es un conjunto de varios campos. Los interiores y el ambiente de grada se rodaron en Millmoor, entonces del Rotherham United, cuyas gradas de pie conservaban mejor el aspecto de finales de los ochenta que cualquier estadio de Londres, ya en transición hacia las gradas de asiento que reclamaba el Taylor Report. Otras escenas se filmaron en Brisbane Road, del Leyton Orient, y en Valley Parade, del Bradford City. Millwall había dejado su viejo estadio de Cold Blow Lane en 1993, dos años antes del estreno.
La película resuelve la infiltración de John con una escena que resume todo el guion. Un desfile de extrema derecha por las calles de Bermondsey, y John entre los manifestantes, con la cabeza rapada, empujando a su antiguo compañero mientras grita que sigue de servicio.
La operación real terminó de otra manera. Según Bannon, con una llamada y la vuelta a la patrulla ordinaria.
UN CASO EXTRAÑO:
EL LIBRO LLEGÓ DESPUÉS DE LA PELÍCULA
Running with the Firm se publicó en 2013, un caso extraño porque llegó dieciocho años después del estreno de I.D. Lo habitual suele ser al revés. Primero el libro, después la adaptación a la gran pantalla.
Es una fuente valiosa porque Bannon puede describir, con nombres y fechas, lo que se siente al sostener una identidad falsa durante dos años. Es también una memoria comercial escrita veintiséis años después de los hechos, con diálogos reconstruidos y nombres cambiados por seudónimos como Chris o Guy.
Sin embargo, no hay una explicación documentada de por qué Bannon tardó tanto en contarlo. Confidencialidad, protección de identidades, simple falta de una oferta editorial anterior pueden ser conjeturas razonables, pero no hay una explicación clara sobre estas casi dos décadas de silencio.
En sus páginas se pueden leer detalles, fechas, pubs, la calle donde empezó todo, el miedo concreto a la frase «eres policía». La policía inventó a Jim Ford para que un joven agente pudiera entrar en una firm que la prensa y el Estado había convertido en sinónimo de peligro nacional.
Un expediente policial completo podría ayudar a esclarecer qué sacó realmente el Estado de esos dos años, más allá de lo que Bannon recuerda o dice recordar.
Autor: Kickin’ Charlie
KICK & RUSH · TERRACE FILES · ON SCREEN
BIBLIOGRAFÍA
Fuentes utilizadas en la redacción de
«Dos años encubierto: la infiltración que inspiró I.D.»
43 FUENTES
ABRIR DOCUMENTACIÓN
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FUENTES PARLAMENTARIAS Y LEGISLATIVAS
- Luton Football Match (Crowd Violence)
- Soccer Violence
- Police Operations (Football Matches)
- Business of the House
- Public Order Act 1986
- Football Spectators Act 1989
- Football (Offences) Act 1991
- Regulation of Investigatory Powers Act 2000 (RIPA)
- Covert Human Intelligence Sources (Criminal Conduct) Act 2021
- Covert Human Intelligence Sources: Revised Code of Practice
- Guidance for Ethical and Professional Behaviour in Policing
- Hearings and Published Evidence
LIBROS Y MEMORIAS
ARTÍCULOS ACADÉMICOS
- The Mythology of Football Hooliganism: A Closer Look at the British Experience
- Millwall and the Making of Football’s Folk Devils: Revisiting the Leicester Period
- Football Hooliganism, the Death Drive and Millwall Fandom as Symbolic Masochism
- The Football Front: Neo-Fascist and Anti-Fascist Politics in Football, 1977–85
- Hit and Tell: A Review Essay on the Soccer Hooligan Memoir
- Folk Devils and Moral Panics: The Creation of the Mods and Rockers
PRENSA CONTEMPORÁNEA
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PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA Y GUION
HISTORIA LOCAL Y LOCALIZACIONES DE RODAJE
FUENTES INSTITUCIONALES Y DE REFERENCIA ADICIONALES
HOLLYWOOD
ENTRA EN ESCENA
Esta es la historia tras «Gang Street Hooligans», la película que definitivamente metió el Boleyn Ground y la rivalidad entre West Ham United y Millwall Football Club en el imaginario global del fútbol internacional para siempre.
Detrás de la cámara, Lexi Alexander, una alemana campeona de kickboxing residente en L.A. que en su adolescencia había tenido contacto con el mundo hooligan alemán. Frente a la cámara: Frodo Bolsón y el futuro Jax Teller. Entre bambalinas, todo un old face de la ICF como Cass Pennant y el creador de la ‘hoolie-lit‘, Dougie Brimson.
«Gang Street Hooligans» (2005). Imagen retocada utilizando herramientas de inteligencia artificial.
NAVEGACIÓN DEL ARTÍCULO
UN YANKEE EN LA FIRM DEL WEST HAM
«Gang Street Hooligans» se estrenó en Estados Unidos en siete cines. Siete. No cien, no mil. Como una reposición de medianoche en un pueblo donde ya ha cerrado hasta el chino. Y aun así sigue ahí, veinte años después. Todavía la citan en Brasil. En Australia. Cada vez que alguien necesita explicar rápido qué es esto de West Ham contra Millwall, tiran de ella. La pregunta no es cuánto dinero hizo, que fue poco. Es por qué funcionó tan bien fuera. Y eso empieza con un chico de Harvard pidiendo una pinta y diciendo la palabra que no es.
Matt Buckner pide algo en un pub del East End. Dice soccer. Pete Dunham está al lado y no se altera. «Football, mate. Football». Lo dice como quien le dice a un perro que no se mea ahí. Sin dramas. Y el chico aprende más rápido que en cualquier clase de Harvard, de donde por cierto lo acaban de echar. Ese es el truco de toda la película. Un tipo que no sabe nada llega a un sitio donde todos lo saben todo. Y alguien se lo va contando poco a poco. Como quien enseña a nadar tirando a otro al agua.
Pete es el hermano del cuñado de Matt. Lleva media firm del West Ham como quien lleva un pub del barrio. Sin gritar, pero con mano firme. Charlie Hunnam se pasó meses yendo a Upton Park los sábados. Engordó a base de pintas y patatas. Cogió como modelo a un tipo que le presentó el actor Leo Gregory, uno situado, según contó el propio Hunnam, a un par de peldaños del mando de una firm de verdad. Su acento cockney sonó raro. La prensa británica se rio de él, y con razón. Pero fuera de Inglaterra nadie tenía con qué compararlo. Así que coló. No sólo eso. El papel le proporcionó el trabajo de Jax Teller en la serie ‘Sons of Anarchy’.
Tommy Hatcher, el villano del Millwall FC, perdió a un hijo diez años atrás en una pelea contra la firm del West Ham. Y ahora quiere cobrarlo. A alguien concreto. Pete Dunham. Porque Millwall FC llevaba generaciones siendo Millwall FC sin necesitar al cine, pero cien minutos de película sí necesitan una cara malvada. Y Hatcher, con esa mandíbula de hacha, la pone.
Elijah Wood venía de hacer de Frodo. Esa cara todavía cansada de tanta pureza es la primera que entra en Upton Park. Como quien entra en Mordor sin el anillo. Contó después que el hooliganismo le sonaba a chino. Nunca había ido a un partido inglés siendo hincha de nada. Estaba tan perdido como su propio personaje.
Detrás de cámara tampoco fue la elección obvia. Lexi Alexander no es una directora de Los Ángeles inventándose un East End de postal. Es alemana. Excampeona mundial de kickboxing. De adolescente, en Mannheim, anduvo un tiempo cerca de los City Boys, la firm dura del Waldhof Mannheim. Le gustaba la camaradería, le gustaba la adrenalina, y se apartó el día que aquello se puso feo de verdad. Su corto «Johnny Flynton» lo rodó en cinco días con 35.000 dólares. Le valió una nominación al Oscar. Y esa fue la puerta que le abrió «Green Street», como el film se llamó en UK.
CASUAL 2005
Diez años separan «I.D.» de «Green Street» y se notan. En «I.D.» entrabas en la grada por los ojos de un poli infiltrado. Aquí entras vestido con un atuendo muy propio de las gradas británicas. John Krausa, el diseñador de vestuario, dijo que la ropa tenía que ser un uniforme sin parecerlo. Las firmas italianas causaron furor durante la década de los años ochenta y todavía siguen siendo de las preferidas en los estadios británicos. Un ejemplo de ello es Stone Island, que aparece en la cinta; así como prendas de otras marcas como Fred Perry o las imprescindibles trainers Adidas que todo casual tiene por docenas.
«Green Street», a diferencia de «I.D.», incorpora esos detalles a su guión, conectando con la realidad contemporánea de las terraces inglesas. Un código visual que actúa como una especie de contraseña exclusiva. El espectador iniciado agradecerá el guiño; el que no lo es podrá proseguir el visionado con total normalidad, aunque percibirá que los cortes de pelo, las chaquetas, las gorras, las zapatillas de los protagonistas no son casualidades.
«Gang Street Hooligans» (2005). Imagen retocada con herramientas de inteligencia artificial.
INGREDIENTES DE REALIDAD LONDINENSE
Casi todo el Londres de la peli es mentira. El campus de Matt es Cambridge, Massachusetts, de verdad. Pero la boca de metro que hace de Bank Station es East Finchley. Y el pub sagrado de la firm, The Abbey, es en realidad The Griffin, en Brentford, a media hora en coche de donde el guión dice que está.
Upton Park sí es de verdad. Rodaron un partido real, el West Ham 2-1 Gillingham del 27 de marzo de 2004, con Wood y Hunnam sentados entre 34.551 aficionados auténticos. Habían pasado apenas seis días desde que Millwall goleara 4-1 al West Ham en Cold Blow Lane. Mothering Sunday Massacre, llaman al partido. Nadie del equipo de rodaje estuvo en ese derbi, que se sepa. Pero la grada de la película todavía tenía cara de resaca de la semana anterior.
El estadio ya no existe. Lo tiraron en 2016. Cass Pennant, que fue líder de verdad de la Inter City Firm, o ICF por sus siglas, la firm real detrás de la Green Street Elite de ficción, asesoró durante la grabación. Reclutó a hinchas de verdad del Boleyn Ground para las escenas de masas. Y se metió él mismo de antidisturbios en un cameo con cierta ironía. Le preguntaron por qué. Dijo que después de media vida corriendo delante de la policía, tampoco estaba mal sostener el escudo por una vez. Y cobrar. Dougie Brimson, que sirvió en la RAF antes de escribir sobre hooligans, coescribió el guión original bajo el título «The Yank». Después otro guionista lo fue apartando del montaje final.
La Green Street Elite tiene entre diez y veinticinco caras. La ICF real operaba en células, por escalafones, con cientos de nombres repartidos entre Londres y Essex. West Ham, Upton Park, Green Street, la sombra de la ICF… Esa era la materia. Reducirla a un puñado de tipos en cien minutos, eso ya es cosa de guionista.
Cuatro años después, el 25 de agosto de 2009, un West Ham-Millwall de Copa acabó con gente invadiendo el campo. Y un aficionado apuñalado junto al metro de Upton Park. YouTube llevaba cuatro años funcionando. Esa noche los vídeos de móvil viajaron rápido. Muy rápido para lo que era normal entonces. La Green Street Elite era ficción. Lo del metro no lo fue.
LEXI ALEXANDER WHO?
Nació con el nombre de Alexandra Mirai. En Mannheim, en 1974. Madre alemana, padre palestino, una familia rota demasiado pronto. Lo que no se rompió fue su relación con el tatami y la grada. Judo a los ocho años. Cinturón negro de kárate Shotokan a los catorce, lo cual en cualquier otro adolescente sonaría a exageración de currículum. Después el kickboxing. Cuatro campeonatos alemanes, dos títulos europeos, y en 1994, con diecinueve años, el mundial de la World Kickboxing Association en Atlantic City.
Mientras competía seguía al Waldhof Mannheim en el Carl-Benz. Y andaba cerca, sin ser una más del todo, de los City Boys, la firm dura del club, protagonistas de líos serios en el fútbol alemán de los ochenta. Se retiró a los diecinueve. Se fue a Estados Unidos con el patrocinio migratorio de Chuck Norris, a quien había conocido compitiendo en torneos internacionales.
En Los Ángeles trabajó de especialista de riesgo en cine y televisión. Dio clases de combate a marines en Camp Pendleton. Estudió dirección y dramaturgia en el Joanne Baron/D.W. Brown Studio, todo esto mientras seguía ganándose la vida a base de encajar golpes por encargo. Su corto «Johnny Flynton», sobre un boxeador de Alabama acusado de matar a alguien, lo rodó en cinco días con 35.000 dólares. Le valió una nominación al Oscar en 2003. «Green Street» no le resultó nada extraño. Llevaba tiempo queriendo contar su propia historia de pertenencia tribal, y eligió Inglaterra, no su Alemania natal, porque ahí el fenómeno tenía nombre, apellido y una rivalidad centenaria.
Lexi Alexander. Imagen retocada con herramientas de inteligencia artificial.
CASS PENNANT WHO?
Nació en Doncaster. Lo adoptó una familia blanca en Slade Green, al sureste de Londres, y durante años fue el único niño negro del barrio, algo que en esa Inglaterra no era un detalle menor. Las palizas racistas que sufrió de crío no fueron una anécdota triste para rellenar un párrafo. Fue en la escuela donde aprendió, más rápido de lo que le hubiera gustado, a defenderse.
A finales de los setenta esa misma capacidad de defenderse lo convirtió en uno de los top-boys de la Inter City Firm, la hinchada dura del West Ham. El nombre viene de los trenes InterCity que usaban para moverse por el país sin que la policía los pillara. En 1980 le cayeron cuatro años de cárcel. La primera condena de ese calibre por hooliganismo en un tribunal británico. En 1987 lo volvieron a trincar, esta vez dentro de la Operación Full-Time, la ofensiva policial que sentó en el banquillo a decenas de tipos de su generación.
A principios de los 2000 cambió la calle por el papel en blanco. Publicó «Cass» en 2002 y «Congratulations, You Have Just Met the ICF» en 2003, dos libros que convirtieron una vida de puñetazos y celdas en un producto que se vende en librerías serias. En «Green Street» trabajó de asesor de autenticidad. Enseñó a Hunnam, Wood, Marc Warren McCall y Gregory a cerrar filas como un solo cuerpo y a intimidar sin levantar la voz, que es un arte más difícil de lo que parece. Reclutó a veteranos reales de la ICF y a hinchas del Boleyn Ground para las escenas de masas, gente con caras y cicatrices que ningún casting habría inventado. Y se metió él mismo de policía antidisturbios. De ese rodaje salió una amistad con el productor Jon S. Baird, que años después dirigiría «Cass», la película sobre su propia vida.
Cass Pennant. Imagen retocada con herramientas de inteligencia artificial.
DOUGIE BRIMSON WHO?
Antes de escribir sobre hooligans, Dougie Brimson llevaba uniforme. Suboficial de mantenimiento de helicópteros de la Royal Air Force. Estuvo destinado durante la guerra de las Malvinas. Eso no sale en la contraportada de ningún libro suyo, pero explica bastante de dónde le viene el interés por la jerarquía informal y por lo que aguanta un grupo bajo presión de verdad.
De vuelta a la vida civil, siguiendo al Watford los sábados, empezó a escribir sobre lo que la prensa sensacionalista resolvía con un titular de cuatro palabras y una foto de archivo. Con su hermano Eddy Brimson publicó, a lo largo de los noventa, una docena de libros que fundaron un género propio: el hoolie-lit. Entre ellos, «Everywhere We Go» y «The Geezer’s Guide to Football». Trataba la cultura de firm con una seriedad casi de tesis que nadie más le daba entonces.
Esa autoridad, ganada libro a libro, fue lo que llevó a Lexi Alexander a llamarlo para coescribir el guión original, titulado en su día «The Yank». Brimson metió la jerga, la lógica del combate en grupo, la estructura interna de una firm tal y como la conocía. Las reescrituras de Josh Shelov, pensadas para darle más ritmo comercial a la trama, lo fueron apartando de algunas decisiones finales de montaje. Aun así, buena parte de lo que sostiene a la GSE en pantalla sigue siendo suyo. Años después hizo balance diciendo que, acento raro o no, la película metió el Boleyn Ground y la rivalidad West Ham United vs Millwall Football Club en el vocabulario global del fútbol para siempre.
Dougie Brimson. Imagen retocada con herramientas de inteligencia artificial.
FRANK McAVENNIE WHO?
Frank McAvennie no tiene ni una línea propia en la película. Pero su nombre, soltado de pasada en una escena de pub, hace un trabajo que ningún extra podría hacer. Engancha la ficción a una temporada real que cualquier veterano de Upton Park todavía recuerda de memoria.
Nació en Escocia. Se formó en el St Mirren antes de fichar por el West Ham en 1985, cuando el fútbol inglés apenas tenía estrellas mediáticas fuera del campo. Lo que hizo en sus dos etapas, 1985 a 1987 y entre 1989 y 1992, sigue siendo de lo más recordado del club. Goles a puñados. Ruido mediático constante. Y una 1985-86 en la que West Ham, con Tony Cottee al lado, llegó a rozar el título de liga como no lo ha vuelto a acariciar desde entonces. No era solo un delantero prolífico. Era portada de tabloide en una época en la que eso todavía era raro para un futbolista en activo, con la vida social y la exposición para demostrarlo dentro y fuera del campo.
Su paso por el Celtic amplió esa fama a su propio país. Pero fue en Londres donde su nombre se convirtió en recuerdo para cualquier aficionado del West Ham. Años después, McAvennie habló de la cinta diciendo que capturaba la locura de ponerse esa camiseta azul cielo y grana, aunque soltó que los chicos de la pantalla le parecían demasiado limpios para haber salido de verdad de los muelles.
Frank McAvennie. Imagen retocada con herramientas de inteligencia artificial.
Autor: Kickin’ Charlie
KICK & RUSH · WEST HAM vs MILLWALL · ON SCREEN
BIBLIOGRAFÍA
Fuentes utilizadas en la redacción del artículo
«Hollywood entra en escena»
32 FUENTES
ABRIR DOCUMENTACIÓN
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PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA Y FICHA TÉCNICA
DATOS DE TAQUILLA Y DISTRIBUCIÓN
ENTREVISTAS Y DECLARACIONES DE REPARTO Y EQUIPO
- Charlie Hunnam Interview — Green Street Hooligans
- Elijah Wood Interview — Green Street Hooligans
- Entrevista / cobertura de producción — Green Street Hooligans
- Charlie Hunnam Names the Film That Made Him Stop Reading Reviews
- Reseña de Green Street Hooligans
- Declaraciones de Leo Gregory sobre el personaje de Bovver
- Entrevista con Alexander Buono, director de fotografía de Green Street Hooligans
- Declaraciones de Cass Pennant sobre su cameo policial
PERFIL BIOGRÁFICO: LEXI ALEXANDER
PERFIL BIOGRÁFICO Y CONTEXTO: CASS PENNANT Y DOUGIE BRIMSON
RECEPCIÓN CRÍTICA Y VIDA POSTERIOR DE LA PELÍCULA
CULTURA CASUAL Y MODA FUTBOLÍSTICA
HISTORIA LOCAL, RODAJE Y LOCALIZACIONES
FUENTES INSTITUCIONALES Y DE REFERENCIA ADICIONALES
El derby en siete duelos
8 SEP 1900
Nueve semanas y… primera derrota
El 8 de septiembre de 1900, Millwall Athletic y West Ham United se enfrentaron por primera vez desde la desaparición de Thames Ironworks FC y la creación del nuevo club durante aquel verano. West Ham United a penas llevaba nueve semanas existiendo bajo ese nombre. Millwall ganó 3-1.
Millwall ganó en la Isle of Dogs. Sin embargo, todavía no era el duelo de rivalidad que llegaría a convertirse poco tiempo después. Faltaban seis años para el partido de 1906 en el que Len Jarvis derribó a Alf Dean contra las vallas publicitarias de Upton Park, dos jugadores del Millwall fueron expulsados y el East Ham Echo describió peleas multitudinarias por toda la grada. En 1900 apenas eran dos clubes vecinos que habían empezado, meses antes, a cruzarse en los calendarios
1 SEP 1904
El estreno del Boleyn Ground fue contra el Millwall
El primer partido del West Ham United en su nueva casa tuvo enfrente precisamente a Millwall. El 1 de septiembre de 1904, el club estrenó el Boleyn Ground, también conocido como Upton Park por su cercanía a esta estación de Metro, con una victoria por 3–0. Una decisión deliberada que congregó a unos 10.000 espectadores en el que iba a ser el feudo de los ‘hammers‘ hasta 2016.
El resultado fue 3-0. Billy Bridgeman anotó dos goles y Jack Flynn firmó el tercero, imponiéndose a un Millwall Atheletic que, hasta entonces, llevaba varias temporadas dominando el cruce. A penas un año antes le había endosado un 7-1 en la Charity Cup.
7 OCT 1978
Treinta y un años después
West Ham United y Millwall FC no se enfrentaban en la Football League desde septiembre de 1947. El descenso del West Ham reunió de nuevo a los dos clubes en Second Division y convirtió el partido de octubre de 1978 en un duelo de alta tensión en el ambiente. Además, el reencuentro entre rivales llegaba en una época en la que crecía la violencia en los estadios ingleses de la época.
La policía desplegó alrededor de quinientos agentes, con cacheos y una segregación excepcional entre seguidores de ambos conjuntos. Dos años antes, el aficionado del Millwall Ian Pratt, de diecinueve años, murió arrollado por un tren en la estación de New Cross tras una reyerta en el andén con seguidores del West Ham United.
Dentro del campo, la historia fue más sencilla. Bryan “Pop” Robson marcó los tres goles del West Ham United. A la salida. Más peleas. Más arrestos.
Imágenes históricas restauradas y retocadas con herramientas de IA.
3 DIC 1988
La única temporada en la élite del fútbol inglés
El 3 de diciembre de 1988 ocurrió algo que no había sucedido nunca en casi 100 años de historia de este derby. Millwall FC y West Ham United se enfrentaron en la máxima categoría tras el ascenso de los ‘Lions‘ como campeones de Second Division.
Paul Ince marcó el único gol en el viejo The Den. Aquella temporada 1988–89 sigue siendo la única en toda la historia en la que ambos clubes han coincidido en la élite. Millwall acabó décimo; West Ham ganó los dos duelos directos, terminó decimonoveno y descendió.
15 NOV 1992
El último derby en el viejo The Den
El 15 de noviembre de 1992, el Millwall ganó 2–1 con goles de Malcolm Allen y Phil Barber. Mark Robson marcó para West Ham. Pero el partido fue especial ya que significó el último derby entre ambos disputado en el viejo The Den, que había sido la casa del Millwall desde su traslado de Isle of Dogs en 1910.
Millwall abandonaría el estadio al terminar aquella temporada y se trasladaría a su nueva casa en 1993. Aquella tarde de fútbol en la segunda categoría cerró un de la historia de esta rivalidad.
21 MAR 2004
La masacre del Día de la Madre
El primer derbi disputado en el nuevo The Den terminó convirtiéndose en una de las victorias más recordadas del Millwall sobre West Ham. El 4–1 llegó en un partido extraño que bien pudo acabar en goleada aún más histórica de lo que fue. Los locales desperdiciaron dos penaltis y aun así terminaron dominando con rotundidad.
Tim Cahill marcó dos veces; Christian Dailly hizo un gol en propia puerta y Nick Chadwick completó el marcador. El partido quedó conocido como Mother’s Day Massacre.
25 AGO 2009
Noche de invasiones en el Boleyn Ground
Neil Harris adelantó al Millwall en el minuto 26′. El West Ham necesitó llegar al 87′ para empatar por medio de Junior Stanislas. En la prórroga, el propio Stanislas marcó de penalti y Zavon Hines cerró el 3–1 definitivo en este partido de Copa de la Liga.
El resultado acabó casi eclipsado por lo que sucedió dentro y fuera del estadio. Hubo tres invasiones del terreno de juego y graves enfrentamientos en las inmediaciones del Boleyn Ground, que se saldaron con un apuñalado.
