Guerra sucia y campanadas a la muerte en el Hotel Monbar

El 25 de septiembre de 1985, pasadas las nueve de la noche, coincidiendo con la retransmisión del partido de fútbol España-Islandia, dos hombres penetran, empuñando pistolas automáticas, en el bar del Hotel Monbar, en el caso viejo de Bayona, y abren fuego contra un grupo de exiliados vascos. Los agresores actúan con precisión mortífera. Las balas destrozan el cráneo de tres de las víctimas y una cuarta es alcanzada en el corazón. Además de estas cuatro muertes, se produjeron heridas leves a otros refugiados.

Algunos testigos del atentado, el más sangriento de la historia de los GAL, persiguen a los dos pistoleros por las calles de Bayona. una patrulla policial detiene unos segundos después del atentado a Lucien Mattei y a Pierre Frugoli, que huían corriendo, antes de que pudieran cruzar el puente de Saint-Esprit, sobre el río Adour

Del artículo ‘La mayor matanza‘, Victorino Ruiz de Azúa, El País, 1 de diciembre de 1987

El atentado en el Hotel Monbar fue el más sangriento en la historia de los Grupos Antiterroristas de Liberación, conocidos por sus siglas: GAL. Sin embargo, en el imaginario colectivo de la sociedad, en eso que ahora tanto insisten en llamar el relato, la actividad de los GAL parece ser el único ejercicio de guerra sucia en el que ha estado implicado el estado español en lo que se refiere al conflicto vasco. Nada más lejos de la realidad.

La actividad terrorista de los GAL no deja de ser una tercera fase o campaña dentro de esta guerra sucia que comenzó a idear el almirante Luis Carrero Blanco tras su nombramiento como presidente del gobierno del régimen dictatorial de Francisco Franco. Bajo esta idea comenzó a enviar a Estados Unidos a militares adeptos a la causa para que fueran formados por los servicios secretos estadounidenses. Uno de los que ya había visitado Estados Unidos fue el general Andrés Casinello, formado en el Special Warfare Center de Fort Bragg donde recibió formación en tácticas de contrainsurgencia y contraterrorismo. 

Este general es una de las figuras poco conocidas de la llamada transición española y uno de los personajes clave en la lucha antiterrorista. Fue el director de la última etapa de los servicios secretos franquistas, SECED. De Andrés Cassinello se dice que fue uno de los ideólogos en la sombra del Plan Zona Especial Norte (Plan ZEN) aplicado por el Ministro de Interior del primer gobierno de Felipe González, José Barrionuevo. También desempeñó el puesto de Jefe de los Servicios de Información de la Guardia Civil lo que le llevó a trabajar estrechamente con la cúpula de Interior.

En el Plan Zona Especial Norte, presentado por el gobierno del PSOE en febrero de 1983, tenía como objetivos combatir la actividad de ETA, así como también frenar “la situación insurreccional y de fuerte conflictividad social” que se vivía en País Vasco y Navarra. Sin embargo, a tenor de los hechos, parece que tenía una agenda oculta que rescataba la guerra sucia que desde 1975 el estado español había emprendido contra los refugiados vascos en el “santuario francés“.  

Esta agenda oculta iba a poner en práctica la tercera campaña de esta guerra sucia que se iba a realizar bajo las siglas del GAL, desde 1983 hasta 1987. Las dos fases anteriores abarcaron entre 1975-1976, parada a raíz de la incertidumbre que provocaba la sucesión de Franco y los diferentes cambios políticos que se estaban realizando; y 1978-1981, cuyo final se debió a la llegada al poder de Mitterrand.  En ellas se utilizaron los llamados exaltados de ultraderecha, miembros de los cuerpos de seguridad y sicarios internacionales ligados al fascismo, utilizando denominaciones tan diversas como Batallón Vasco Español, Guerrilleros de Cristo Rey, Triple A o Antiterrorismo ETA.

El ‘santuario francés’

La actividad del GAL en el llamado santuario francés se ha interpretado como una forma de obligar al estado francés a colaborar con el español en la lucha antiterrorista. Sin embargo también se ha apuntado a una colaboración de algunos agentes y cierta tolerancia con el GAL por parte de las autoridades francesas que podría implicar cierta complicidad. 

A finales del año 1983, Felipe González y François Mitterrand alcanzan un acuerdo que no fue desvelado hasta que el ex presidente español lo reconoció a finales de los 90s durante su comparecencia en el juicio el secuestro de Segundo MareySegún se puede leer en la investigación Guerra Sucia en Iparralde 1975-1987 de Xabier Makazaga, empezó a plasmarse a las semanas cuando las autoridades francesas tomaron “medidas administrativas y policiales contra los refugiados“. Ello se debió a este acuerdo, como reconoció González. Medidas que se endurecieron desde 1986 con entregas directas a las autoridades hispanas y unas pocas expulsiones a terceros países. Llegando poco después el cese de la actividad del GAL en 1987. 

La colaboración gala o, al menos, el dejar hacer, según este autor, tuvo un objetivo de predisponer favorablemente a la población francesa ante las medidas represivas que se iban a aplicar contra los refugiados vascos. El movimiento independentista vasco gozaba de la simpatía de la izquierda francesa, de dónde salían los votos de Mitterrand. Francia también puedo obtener un beneficio económico a cambio de su colaboración contra ETA. Esto se tradujo en la compra de armamento y tecnología militar por parte de España en contra de las recomendaciones de los expertos que preferían material estadounidense u alemán.

En este trabajo se apunta a la posibilidad de que la decisión de conceder la fabricación del primer tren de Alta Velocidad (AVE) a la empresa francesa Alstom, que se quedó con contratos por valor de unos 70.000 de los 85.000 millones de pesetas en los que estaba cifrada la operación; pudo estar condicionada por este acuerdo de diciembre de 1983, aunque también se puede enmarcar como contraprestación al papel jugado por Francia para el ingreso de España en la CEE (germen de la UE actual), algo que había vetado el anterior gobierno galo.

Estas negociaciones entre los gobiernos de Francia y España desarrolladas en los últimos meses de 1983 y primer semestre de 1984, en el que Miterrand ejercía la presidencia europea; tanto en materia antiterrorista como para el ingreso en la CEE coinciden en el tiempo con los primeros movimientos de una nueva oleada de acciones de guerra sucia al otro lado de los Pirineos. La dinámica fue similar a las dos campañas anteriores: primero secuestrar para obtener la información que se utiliza en un atentado posterior. Un ejemplo de esto son los primeros movimientos del GAL a finales de 1983 (su acta fundacional es de 6 de julio):

  • 16 de octubre de 1983: Secuestros de los refugiados Joxi Lasa y Josean Zabala
  • 18 de octubre de 1983: Cuatro policías españoles son sorprendidos cuando iban a secuestrar a Jose Maria Larretxea
  • 16 de noviembre de 1983: El CESID elabora un informe en el que Mikel Lujua es señalado como destacado dirigente etarra
  • 4 de diciembre de 1983: Secuestro de Segundo Marey cuando realmente pretendían raptar a Mikel Lujua. Es la primera acción reivindicada por el GAL
  • 28 de diciembre de 1983: Herido de gravedad en San Juan de Luz el etarra Mikel Andoni Goikoetxea, Txapela. Según declaró la viuda de Txapela en el juicio, Lasa y Zabala eran los únicos que sabían dónde vivía ya que le habían ayudado a conseguir este alojamiento

En este clima de conflicto armado entre ETA y el estado español, que seguía el esquema de acción-represión-acción, hay que añadir una importante crisis económica en todo el estado que también afectaba a País Vasco, especialmente a sus industrias, algunas sumidas en lo que se vino a conocer como la reconversión industrial, que provocó un gran número de desempleados. Violencia, crisis económica, desempleo y heroína, marcaban los límites donde se desarrollaba esta guerra. 

El recientemente fallecido Iñigo Muguruza, miembro de Kortatu y después de Negu Gorriak, sintetizaba el clima de aquellos años.

El contexto social y político de principios de los 80 era muy crudo aquí en el País Vasco: represión brutal en manifestaciones, controles, conciertos… ETA y el GAL con todos los frentes abiertos y en continua actividad. En Bizkaia, reconversiones salvajes. Violencia estructural y física con mayúsuclas. Todo esto nos golpeó con fuerza en nuestra actividad político-musical, por otra parte muy comprometida con la denuncia de este estado de cosas

Fue la época de mayor actividad del GAL en el País Vasco francés, muy cercano a nosotros física y anímicamente: tocábamos mucho en Iparralde y, a decir verdad, en todo el resto de Francia, llena de refugiados políticos que no habían regresado con la muerte de Franco. 

La actividad del GAL era terrible. Estabas acabando un concierto y te comunican qeu habían matado a cuatro refugiados mientras tú tocabas ska. A mí, personalmente, cosas como esta me quitaban las ganas de hacer canciones festivas

Iñigo Mugurza en el libro El estado de las cosas


Es un disco mucho más oscuro. Está muy influenciado por la época que estábamos viviendo. Los GAL, una crisis económica galopante, empieza a entrar la droga en Euskadi por todos los lados… Primero las anfetaminas, luego vino el caballo. Pasan unos años y empiezan a haber catástrofes familiares por todos los lados, amigos que desaparecen… No voy a decir que es un punto de inflexión, pero es un disco muy consecuente con la época en la que se compone y se graba

Jitu en el libro El estado de las cosas

A la calle

El estado de las cosas, que también hace referencia a la película del mismo título de Wim Venders, iba a significar un cambio en Kortatu. Sin embargo, éste se inició con la publicación del EP A La Calle, que además de la revisión de la versión que Stiff Little Fingers hicieron de “Doesn’t Make It Alright” de The Specials; una adaptación dub de “Desmond Tutu” y la canción que da título al lanzamiento. Precisamente, es este tema el que marca un cambio de tendencia en el trío de Irún.


Es un disco de transición y, de hecho, para muchos supuso un golpe, porque ahí fue donde paramos el tren festivo-reivindicativo, y se convierte en un maxi muy serio, desde la misma portada –

Fermin Muguruza en El Estado de las Cosas – Kortatu: Fiesta, lucha y guerra sucia


El cambio llega a la estética de la banda desde la portada del EP hasta su propio aspecto, superando la etapa skinhead. La imagen que ilustra este maxi single comienza a transmitir la idea de lucha que luego se va a plasmar en la letra de “En la línea del frente“, con la que abre la cara A de El estado de las cosas. En las páginas del libro de Roberto Herreros e Isidro López, editado por Lengua de Trapo, se explica de dónde salió la idea para la portada.

La foto que usamos en la portada la descubrimos en El Diario Vasco. Se les veía a todos con los ojos tapados, como en casi todas las fotos de entonces. Alguien dijo: “Mira esta foto de los kortatus”. Y no éramos nosotros, sino gente que llevaba también esas chupas. La generación anterior relacionada con la guerrilla urbana llevaba otra estética, más de pelo largo, al estilo irlandés de aquella época. era justo en La Bretxa, en Donosti, así que decidimos hacer una portada con esa imagen“. 

El cambio estético que anticipa A La Calle también lo es a nivel musical y letrístico. La letra de la canción fue compuesta por Fermin Muguruza tras pasar 10 días en el hospital debido a una neumonía. Su internamiento coincide con la desaparición de Mikel Zabalza y su salida fue el 16 de diciembre de 1985, día en que se localiza su cadáver en el Bidasoa. La tesis oficial es que murió ahogado en el río mientras huía de la policía española. Se tiró al agua a pesar de ir… ¡esposado!

La familia de Zabalza siempre apuntó a las fuerzas de seguridad y más concretamente al cuartel de Intxaurrondo, del que hablamos largo y tendido en el artículo El verdugo tiene mil caras. Precisamente, dos de los guardias civiles más turbios de ese acuartelamiento fueron los causantes de su muerte, según desveló el diario El Mundo en su edición del 30 de octubre de 1995:


Según testigos presenciales, Zabalza murió mientras Dorado Villalobos y Bayo Leal le practicaban la bañera


A la salida del hospital, Fermin se encuentra en Irún con una manifestación de protesta por la muerte de Mikel Zabalza. En ella hay muchos jóvenes, que a cuya conclusión deciden cortar las calles atravesando autobuses. Ello queda reflejado en la letra de estación: “mira los chavales que fuerte vienen dando“. 

Punto de inflexión

No es que Kortatu no hubieran tratado en su primer álbum cuestiones políticas relacionadas con el conflicto vasco, la represión policial y la guerra sucia realizada por el aparato. Sin embargo, habían quedado en un segundo plano al lado del espíritu fiestero y desenfadado que respiran sus primeras grabaciones.

Pero su guitarra ya había disparado contra la violenta represión policial en “Hernani”. Este tema se escribe a raíz de las muertes de Agustín Arregui Perurena, Txurilla, y Juan Luis Elorriaga, alias Patxi, que pertenecían a un comando de ETA militar y murieron durante un tiroteo con la Guardia Civil. Enfrentamiento armado que también dejó herido al jefe del comando, Jesús María Zabarte, que terminó siendo arrestado. Según se puede leer en la crónica de El País, esta acción fue la respuesta que las FSE realizaron “pocas horas después de que un miembro de dicho cuerpo fuera asesinado en el barrio donostiarra de Larratxo al estallar una bomba en su coche cuando se disponía a ponerlo en marcha“.

El estado de las cosas es un síntoma de madurez. En plan: “Nos lo podemos pasar bien, pero están ocurriendo muchas cosas”. Hay un corte, se abandona la línea más festiva y se empieza a hablar de otros temas. Bueno, en realidad también se hablaba de esos temas en el primero, pero se hacía de una manera mucho menos explícita. Musicalmente se nota también. Se siguen abarcando un montón de estilos, pero la música es más cuadrada, por decirlo de alguna manera. Hay una evolución hacia lo que luego será Kolpez Kolpe“, explica Jitu, mánager del grupo.

Una buena muestra de ello es, por ejemplo, la letra de la adaptación de parte de “Kicks” de UK Subs que es “Sospechosos“, donde se avisa de los efectos de la aplicación del Plan ZEN pero con una letra donde se mezclan asuntos serios con otras frases más desenfadadas. 

El punto de inflexión que va a marcar el contenido y la evolución experimentada en El estado de las cosas es el atentado contra el Hotel Mombar de Bayona el 25 de septiembre de 1985. El mayor atentado de la historia del GAL, del que Fermin Muguruza fue testigo de primera mano como recuerda en una entrevista publicada por JotDown:


Ese disco tiene dentro una canción que habla de algo que nos marcó, un antes y un después. Una experiencia traumática que vivimos en Baiona en septiembre del 85 con un atentado de los GAL en el Hotel Monbar. Me acerqué junto a unos amigos de Irún a visitar a un refugiado en Baiona. Nos juntamos con un anarco de allí al que llamábamos Durruti. Y en un bar estábamos echando una partida al futbolín junto a amigos. Bueno, pues esos son los que aquel día fueron asesinados. Tan solo un rato después. Fue tremendo todo.

Mientras comprobábamos si alguno estaba vivo, Durruti —Txetx Etcheverry— salió corriendo detrás de los pistoleros del GAL. En el camino avisaba a otra gente de Baiona, a Txikia por ejemplo, y los alcanzaron en el puente del río Errobi. Txetx neutralizó a uno de ellos y después de amenazarlo con la pistola la tiró al río.

De esa experiencia salió la canción del disco que lleva el nombre del hotel. Así que sí, además de la consagración del grupo, El Estado de las cosas es un álbum que para todos nosotros siempre será muy especial. Es un disco manifiesto.

La historia detrás de la canción

Pero en aquel momento, recuerdo que nos quedamos en el bar de al lado del Monbar con la sensación de que los muertos podríamos haber sido nosotros“, señala Fermin en su entrevista en JotDown. La presencia en Iparralde (territorio vasco bajo administración del estado francés) tenía como objeto el visitar a un amigo suyo, militante autónomo y refugiado político. Este militante es Xabi, compañero de piso de Txetx o Durruti. 

La cuadrilla marchó a la zona de La Petite Bayonne, la parte vieja de Baiona. En uno de los bares de la zona se encuentran con unos ‘milis‘ (integrantes de ETA Militar): Sabin Etxaide Eskumotza, Agustin Irazustabarrena Legra, Jose Mari Etxaniz Potros e Iñazio Asteasuinzarra Beltza. Juegan con ellos al futbolín, las dos cuadrillas salen juntas del bar, se acercan hasta el Hotel Monbar, en cuyo bar se quedan los cuatro ‘milis‘ mientras que Fermin y los suyos se van al bar de al lado.

Jean-Nöel Etxeberri Txetx recueda que “en un momento dado, escuchamos lo que parecían unos petardos. Me dije: “Ya está”. Salí del bar y vi cómo disparaban a la gente del bar de al lado. En aquel momento cobraban 50.000 francos por un herido y 200.000 por un muerto, así que tenían interés en matar. Entré inmediatamente en el bar gritando: “¡Es el GAL, es el GAL! ¡Hay que ir a por ellos!“.

Comenzamos una persecución de los asesinos por Baiona, hasta detenerlos en el puente Saint-Esprit, a cuya altura lanzaron al agua las pistolas que portaban Lucien Mattei y Pierre Frugoli. Inmediatamente fueron puestos a disposición policial por parte de los militantes vascos. “Nosotros nos volvimos al Monbar con Fermin y los otros. Estaban todavía allí los cadáveres y ya habían llegado sus familiares. Hubo escenas de mucha tensión, sobre todo cuando llegó el comisario. Lo hizo con un desprecio increíble, empujando a las familias. Además llegaron tardísimo, teniendo en cuenta que la comisaría está a doscientos metros del lugar del atentado. En ese momento cantamos el “Eusko gudariak“.


Yo estaba con estos dos autónomos pero la parte vieja estaba llena de refugiados. Estamos en el mismo bar todos juntos y cuando salimos y nos separamos, empiezan a seguirnos. Lo que ocurrió en el Hotel Monbar podría haber ocurrido en el bar en el que estábamos nosotros, donde había un montón de refugiados. El caso es que escuchamos los disparos, salimos y nos encontramos con los cuatro cadáveres. La gente que está con nosotros empieza a perseguir a los de los GAL. Es uno de esos golpes en los que ves que te has jugado la vida. Ahí empiezo a escribir todo lo que he visto en el Hotel Monbar esa noche.

No eran policías jóvenes ni de mediana edad, sino gente mayor. Ex combatientes de la batalla de Argel. Lo peor que puede haber. Lo tengo muy presente, alugnas caras y todo. Se escondieron allí mientras alguna gente cantaba el “Eusko Gudariak”. Por eso en la canción digo lo de “una vieja canción de guerra”.

Fermín Muguruza


Según ha reconocido el propio Fermin Muguruza, “Hotel Monbar” fue la primera canción que compuso del disco El estado de las cosas, que iba a ser publicado en 1986. De hecho, en atentado realizado por los GAL fue poco antes de la edición de su LP de debut. En la grabación original de “Hotel Monbar” se realiza un sampleado de las campanadas incluidas en “Campanades a morts” de Lluis Llach, canción homenaje a los cinco asesinados y más de 150 heridos por los disparos de la Policía Armada de Manuel Fraga el 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz

Ex combatientes de la batalla de Argel

En la letra escrita por Fermin Muguruza en “Hotel Monbar” se hablar de “veteranos de la batalla de Argel“. Esta es una alusión directa a la implicación de miembros de la Organización del Ejército Secreto (OAS) en la guerra sucia emprendida por el estado español. OAS fue una organización terrorista francesa de extrema derecha surgida para evitar la independencia de Argelia. Grupo terrorista que llegó a atentar contra Charles De Gaulle en 1962. 

El nacimiento de la OAS es en febrero de 1961 en  Madrid para proyectar el golpe de estado de abril contra De Gaulle. En la capital española residía el general más condecorado del ejército galo, Raoul Salan, que junto a otros generales se oponían a la independencia de Argelia, que se terminó consumando en 1962. Tras ella, sus integrantes buscaron acomodo en el sur de Francia y buena parte de los dirigentes de la OAS fijaron su residencia en España, santuario para criminales fascistas desde el final de la II Guerra Mundial

Entre 1962 y 1968, el “régimen de Franco llegó a acoger a los generales golpistas Pierre Lagaillarde, Jacques Soustelle, Jean Gardés, Alin Sarrien o el propio Raoul Salan así como unos 200 militantes que huyeron con sus familias“, según publicó El Diario Vasco el 25 de julio de 1966. Algunos de los miembros de esta organización oficialmente disuelta en 1963 comenzaron a colaborar con los servicios de información del estado español como, por ejemplo, André-Noël Chérid y su hermano Jean-Pierre Chérid, figura clave en la guerra sucia del estado español desde los años 70 hasta su sospechosa muerte al manipular un coche bomba en 1984. Su nombre está vinculado a asesinatos de activistas tanto en País Vasco francés como en París o Venezuela y también figura entre los presentes en Montejurra en 1976. Estuvo implicado, entre otros, en los asesinatos de Argala, Korta o Usurbil, según el documento de Gobierno Vasco: Informe final sobre víctimas del terrorismo practicado por grupos de incontrolados, extrema derecha y el GAL

No sólo la OAS.  En los 70s llegaron mercenarios de la Triple A argentina, como José María Boccardo, y terroristas procedentes de organizaciones neofascistas italianas como Avanguardia Nacionale u Ordine Nuovo que estaban implicados en atentados de la Operación Gladio de la OTAN. Entre ellos figuraban Stefano Delle Chiaie, Valerio Borghese, Pierluigi Concutelli, Izzo Angelo, Mario Calzona, Augusto Canchi o Mario Pelegrini. Según publicó El País el 13 de abril de 1987 llegaron con el salvoconducto de Luis Carrero Blanco, presidente del gobierno de España y presumible sucesor de Franco de no mediar su atentado: 


El ex presidente del Gobierno español almirante Luis Carrero Blanco garantizó al ultraderechista Stefano delle Chiaie, en septiembre de 1973, protección y refugio para los fascistas italianos que se trasladaron a España huidos de la justicia de su país por su participación en atentados terroristas de extrema derecha que sembraron el terror en Italia.

Según consta en el memorándum secreto en poder de Delle Chiaie -al que ha tenido acceso este periódico-, Carrero se entrevistó tres meses antes de su muerte, registrada el 20 de diciembre del mismo año, con Delle Chiale y el príncipe negro Valerio Borghese, inspirador del frustrado golpe de Estado de 1970 en Italia. En 1973, más de sesenta fascistas se encontraban refugiados en España y algunos de ellos todavía continúan en nuestro país.


La participación de estos asesinos italianos en los crímenes de estado llevados a cabo por los servicios secretos y de seguridad españoles llevó al juez Andreu a interrogar en Italia a Concutelli y Angelo que señalaron que utilizaban una masía cerca de Barcelona para torturar y enterrar a personas relacionadas con ETA. Según publicó El Mundo, los interrogatorios se realizaron en el marco de “la desaparición del ex jefe de ETA-pm Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur“, producida en julio de 1976. 

La connivencia entre el régimen franquista, sus servicios secretos y estos mercenarios fascistas quedó reflejada en una fotografía en el Aeropuerto de Alicante que publicó Cambio 16 donde aparecían Jean-Pierre Chérid, Mario Ricci, Giussepe Calzona y José María Boccardo junto a Juan Manuel Rivera Urruti, conocido como Pedro el Marino, miembro del Alto Estado Mayor de la Marina y reclutador habitual de mercenarios. 

Hampa marsellesa

Lucien Mattei y Pierre Frugoli no eran miembros de la OAS. Estaban asociados a los bajos fondos de Marsella. Sin embargo, el hampa de Marsella ha estado ligada a la guerra sucia ejecutada por el estado español desde, al menos, finales de la década de los 70s  a través de los hermanos Gilbert y Clement Perret. Éste último fue asesinado en una acción reivindicada por ETA militar en 1985 en el restaurante del Aeroclub de Castellón que regentaban los hermanos Perret y dónde fue tomada la fotografía que mencionamos unas líneas más arriba. Fueron reclutados, según publicó El País el 17 de agosto de 1985, por el “famoso comisario Roberto Conesa como ‘informadores’ de la policía española” junto a otro conocido, Jean-Pierre Chérid. 

Durante la tercera campaña de la guerra sucia del estado español en Iparralde, que se realiza con el gobierno del PSOE de Felipez González y bajo la nueva marca llamada GAL, en las acciones no se contrataron a mercenarios ligados a la ultraderecha. Hubo una preferencia por delincuentes  comunes dispuestos a matar por mucho dinero. Éste fue el caso de los delincuentes comunes Rafael López Ocaña y Luis Morcillo, que asesinaron a tiros a Santiago Brouard; o los cinco portugueses que fueron juzgados por los ametrallamiento de los bares Batxoki y La Consolation.

Según apareció en un documental de Canal + Francia, titulado GAL: Asesinos de Estado, los autores del atentado en el Hotel Monbar fueron reclutados en ambientes mafiosos por Francis, nombre bajo el que supuestamente se oculta un reclutador francés que colaboró con los servicios españoles y cuya identidad real no fue desvelada. Sin embargo, entra en conflicto con lo declarado por Frugoli en el juicio del Hotel Monbar. En él, según publicó El País, “reconoció tímidamente al entonces subcomisario José Amedo“, declarando que había “gran parecido físico entre Amedo y la persona que se presentó como Francis“. 

En el reportaje, Francis sitúa el 23 de septiembre de 1985, dos días antes del atentado en el Hotel Mombar, al subcomisario José Amedo junto a Mattei, Frugoli y a él mismo planificando la acción en la cafetería del Hotel Orly de San Sebastián. De hecho, también hay testigos que en la noches previas al atentado vieron a Amedo y a los sicarios galos en el casino de la capital guipuzcoana. 

La de Francis no es la única X que no ha sido desvelada en el atentado del Hotel Monbar ni en la historia del GAL. Al parecer, la información utilizada para perpetrar este atentado fue proporcionada por un miembro de los servicios secretos franceses apodado Jean Louis y cuya identidad tampoco ha sido revelada. A pesar de que en algunas entrevistas Amedo le ha amenazado diciendo que “sabe quién es y dónde trabaja“. 

En 1989, la Audiencia de París condenó a cadena perpetua a Lucien Mattei y a 20 años de cárcel a Pierre Frugoli, éste consiguió una mejor sentencia al admitir su implicación y colaborar en la investigación. De hecho, desveló tanto la implicación de Amedo en el atentado como que la recompensa era de 100.000 francos por muerto y 20.000 por herido. 

Las acusaciones de la implicación de José Amedo despertaron un tibio interés en la justicia española. La Audiencia Nacional a través del juez Carlos Bueren, titular del Juzgado Central número 1, citó a Amedo como investigado, pero sus pesquisas no fueron más allá de 1991. Posteriormente, en 1995, el juez Baltasar Garzón fue el que decidió abrir la causa de nuevo tras la información aparecida durante el juicio del secuestro de Segundo Marey, realizado por los GAL en 1983. Finalmente, Garzón cierra el caso en octubre de 2001 a pesar de que había “sospechas fundadas acerca de la participación de algunos de los encausados, no había pruebas suficientes para procesarlos“.


Autor: Charlie Condenado


 

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