‘Frankenchrist’: Cuando el punk se convirtió en porno

Había valorado escribir en esta nueva entrega de #TheStoryBehind sobre el famoso pique existente entre Dead Kennedys y The Exploited, así como hablar de los temas que mutuamente se dedicaron: “Nazi Punks Fuck Off” y “Fuck the U.S.A.“. Sin embargo, como el tema es bastante conocido y están subiendo las temperaturas, he cambiado de opinión aunque no de protagonistas. Dead Kennedys, Jello Biafra y Alternative Tentacles se vieron en vueltos en una polémica, que acabó en juicio, por el póster interior que acompañaba el lanzamiento del su tercer último disco en estudio: Frankenchrist (1985). Sin embargo, no fue el único juicio que tuvieron que afrontar en los meses siguientes.

Frankenchrist fue publicado en 1985. Musicalmente nos presentan a unos Dead Kennedys mucho más relajados que en anteriores entregas. La velocidad y agitación de sus primeros años dieron paso a unas composiciones más lentas, aunque igual de mordaces, y también más experimentales en el uso de otros instrumentos, como los sintetizadores. Si se presentaron en sociedad con el ácido “California Über Alles“, donde atacaban sin piedad a Jerry Brown, por entonces gobernador de California, durante sus siguientes lanzamientos nunca dejaron de levantar ampollas con sus letras ni tampoco con su actitud.

En Frankenchrist, Dead Kennedys dieron un paso más allá dentro de esta espiral de provocación tan punk y tan hecha a medida de un lenguaraz vocalista.  El primer juicio que tuvieron fue con motivo de la imagen de la portada. En ella se puede ver a cuatro de los miembros de la Antigua Orden Árabe de los Nobles del Santuario Místico, actualmente Shriners International, conduciendo unos automóviles de juguete. Todos ellos demandaron a la banda y al sello por usar sin su permiso una imagen en la que aparecían. Sin embargo, éste iba a ser el menor de sus problemas.

Washington Wives
Los Kennedys se buscaron a un rival mucho más peligroso que Shriners International: Parents Music Resource Center (PRMC). Esta organización surgida en el ámbito más conservador y reaccionario de la sociedad estadounidense tiene como velar por la rectitud y las buenas costumbres del país líder del mundo libre. Este comité, formado en 1985 por las esposas de influyentes políticos residentes en el área de la capital del país.

Fueron conocidas como Washington Wives, llegando a superar la veintena de miembros en su comité a mediados de la década de los años 90, antes de cesar en su actividad. Entre estas esposas destacaban de Tipper Gore, la esposa del senador que se convertiría en vicepresidente Al GoreSusan Baker, esposa del secretario de economía James Barker; Nancy Thurmond, mujer del senador Strom ThurmondPam Howar, esposa de uno de los grandes magnates inmobiliarios de Washington DC, Raymond Howar; y Sally Nevius, esposa del presidente del Concejo Municipal de Washsington DC, John Nevius.

… hay muchas causas para estos males en nuestra sociedad, pero es nuestra afirmación que los mensajes omnipresentes dirigidos a los niños que promueven y glorifican el suicidio, la violación, el sadomasoquismo, etc. – Susan Baker

Si el poder económico y, sobre todo, el político estaba del lado de estas buenas señoras, el que no podía faltar en esta cruzada moral era el religioso. En la lista de apoyos del PRMC se encontraban algunas de las más destacadas figuras de la comunidad religiosa estadounidense. Cuando hablamos de la comunidad estadounidense, nos referimos, obviamente, a los ciudadanos bajo el paraguas WASP (no el grupo de heavy rock). En el desempeño de su actividad recibió el apoyo de Moral Majority, la organización de Jerry Falwell y los telepredicadores, que blandía la bandera de la nueva derecha cristiana estadounidense.

La intención de este comité no era solo velar por la decencia y la moral de la juventud estadounidense, evitando que cayera en la tentación de las drogas, el alcohol, la práctica del sexo por placer o el suicidio, buscan establecer un sistema para catalogar la música por los contenidos de las letras. En su estreno en 1985, este comité de la pulcritud moral apuntó a estas 15 canciones como las más peligrosas para la moral:

  1. Prince “Darling Nikki” Sex/Masturbation
  2. Sheena Easton “Sugar Walls” Sex
  3. Judas Priest “Eat Me Alive” Sex
  4. Vanity “Strap On ‘Robbie Baby'” Sex
  5. Mötley Crüe “Bastard” Violence/Language
  6. AC/DC “Let Me Put My Love Into You” Sex
  7. Twisted Sister “We’re Not Gonna Take It” Violence
  8. Madonna “Dress You Up” Sex
  9. W.A.S.P. “Animal (Fuck Like a Beast)” Sex/Language
  10. Def Leppard “High ‘n’ Dry (Saturday Night)” Drug and alcohol use
  11. Mercyful Fate “Into the Coven” Occult
  12. Black Sabbath “Trashed” Drug and alcohol use
  13. Mary Jane Girls “In My House” Sex
  14. Venom “Possessed” Occult
  15. Cyndi Lauper “She Bop” Sex/Masturbation

Como se puede ver, el PRMC tenía cierta obsesión con la conducta sexual de los jóvenes estadounidenses, y eso que entre estas damas no figuraba Hillary Clinton. Sin embargo, no hay que obviar su capacidad para ejercer presión sobre la industria discográfica americana. En agosto de 1985, casi una veintena de compañías de discos aceptaron poner etiquetas advirtiendo de los contenidos de las letras. ¿Recordáis aquellos avisos en las portadas de “Parental Advisory” seguido de “explicit content” o “explicit lyrics?

De hecho, este asunto terminó tratándose en una sesión en el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado, bajo el nombre de “porn rock“, donde los senadores Paula Hawkins y Al Gore hicieron alegatos a favor de imponer estos controles y avisos parentales mientras que las posiciones rockeras fueron defendidas por Frank Zappa y Dee Snider, vocalista de Twisted Sister.

El caso del póster
Durante la década de los años 80 en Estados Unidos, con la administración Reagan a la cabeza, se libró una guerra por la buena moral y las rectas costumbres. No en vano uno de los caballos de batalla del gobierno de Reagan, así como de la llamada nueva derecha cristiana fue el rearme moral de los Estados Unidos, fue la beligerancia contra cualquier movimiento cultural que atacara, o pusiera en duda, estos valores que formaban parte del credo de esta mayoría moral, es decir, neoliberal en lo económico y ultraconservador en lo político.

Bajo este ambiente de rectitud moral se desarrolló la carrera de Dead Kennedys y de todas las bandas de la escena hardcore punk estadounidense durante la década de los años 80, como se explicó en el artículo Hardcore Punk vs Presidents of the USA. Si la escena ya era perseguida de facto, os podéis imaginar lo que iba a pasar cuando un grupo superara barrera del “porno“. El cuarteto californiano lo hizo al incluir como regalo promocional para todos aquellos que compraron la primera tirada de Frankenchrist un póster basado en la imagen Pennis Landscape, de H. R. Giger. En esta creación del artista suizo pueden verse en buen número de penes penetrando vulvas.

En un ambiente de rectitud moral y con un comité de ociosas mujeres de derechas recién creado, Dead Kennedys fueron utilizados como ejemplo de todo lo que amenazaba a esa mayoría moral de la que hacía gala Reagan y la facción más ultraderechista del Partido Republicano. Bajo este clima, una buen día, una niña de 14 años entró en una tienda de discos del Valle de San Fernando, Los Ángeles, y compró una copia de Frankenchrist como regalo de cumpleaños de su hermano pequeño, de 11. La madre se alarmó con el póster y puso una demanda.

Días después, nueve agentes de policía entraban en el apartamento de Jello Biafra y en las oficinas de Alternative Tentacles para incautar todas las copias existentes del álbum. El cantante y Michael Bonano, gerente del sello, fueron detenidos y acusados de infringir el artículo 313.1 del Código Penal, lo que les podía acarrear un año de prisión y una multa de 2.000 dólares. Una sanción que también podía extenderse a todos aquellos que habían participado en la impresión del disco así como en la distribución. Esto último originó que muchas tiendas de discos retiraran Frankenchrist de la venta o la negativa de distribuir el trabajo.

La evidencia, señoras y señores … es el cartel en sí y su buen sentido común. Esto será su determinación para decidir si el cartel viola los estándares que prevalecen en la comunidad adulta en cuanto a si el material es apropiado para los menores. Michael Guarino – Fiscal

De esta forma, ambos fueron acusados de distribuir “material perjudicial para los menores“.  Fue el primer caso de fiscalización del contenido de un disco de rock y todo ello acabó en un juicio celebrado en enero de 1986 cuyo veredicto fue el de un año de cárcel y 2.000 dólares de multa. Esto provocó una serie de declaraciones de Jello donde afirmaba que Dead Kennedys no era más que una cabeza de turco porque el PRMC necesitaba “a alguien a quien culpar“.  La disputa no sólo fue ante el tribunal, también el famoso talk show de Oprah acogió un debate entre el frontman del grupo californiano y Tipper Gore.

El resultado del juicio, unido las tensiones internas y disputas entre Biafra y el resto de los componentes de Dead Kennedys, terminan por finiquitar el futuro de la banda, que se separa en 1986, así como la viabilidad de Alternative Tentacles también se ve amenazada. El final del cuarteto llegó después de publicar su último disco en estudio, Bedtime for Democracy, donde vuelven a recuperar la velocidad de sus inicios y apartan el lado experimental de Frankenchrist. Un álbum que fue editado principalmente para recaudar fondos para sufragar los gastos judiciales de la apelación del veredicto.

En 1987 llegaría un último trabajo discográfico de Dead Kennedys, la recopilación Give Me Convenience or Give Me Death, que contenía los temas inéditos “Pull my Strings” y una versión de “I Fought the Law”. Un disco que también sale para recaudar fondos ya que la batalla legal continuó hasta agosto de 1987, cuando finalmente el jurado llegó a una fase de bloqueo y el juez declaró la nulidad del juicio. Los cargos fueron retirados tanto para Biafra como para Michael Bonanno. Un triunfo por el que Biafra tuvo que pagar un alto precio: disolución de Dead Kennedys, divorcio y más de $ 55.000 en gastos judiciales.


Autor: Charlie Condenado


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